¿Desea sobreescribir estos datos? ( 1ª parte)

Sousse, Túnez, 14 de abril de 2009, 17:38

Vicente paseaba con sus compañeros de Facultad por el centro de la ciudad en la que iban a pasar las 3 últimas noches de aquel intenso viaje. Por fin dejaron ese maldito autobús y tendrían tiempo para reposar, pegarse auténticas fiestas, abusar del servicio de barra libre y hacer las últimas compras a familiares y amigos. Mientras unos curioseaban productos Diesel de imitación en plástico, Vicente se acercó a una tienda de al lado con artesanía local. No he venido a Túnez a comprarme unas deportivas que me gangrenen los pies, pensó. La tienda era un típico bajo tunecino de fachada blanca. Dentro, sobre las estanterías se acumulaban en un completo desorden bandejas de plata, zapatillas y sandalias de cuero de camello, fulares, joyas baratas… Y entre todo ese montón de chatarra, había algo que le llamó poderosamente la atención. Algo que ya había visto antes y jamás pensó que podría encontrar en el mundo real: una lámpara de aceite idéntica a la de Aladdin. Vicente la tomó entre sus manos:

-¡Kaká, Kaká, tu parecer Kaká, Real Madrite! ¿Español, italiano?
-eee, español si, Valencia
-oooh Valencia, si si bonita ¿querer esto?
- ¿cuanto?- dijo Vicente, frotándo su pulgar contra su dedo índice
-20 dinar, sólo 20 dinar
-¿¿20 dinares?? ¡tu estás loco!- La respuesta le salió automáticamente. Siempre había que rechazar su primera oferta. 10 euros por esa lámpara artesanal estaba de puta madre ¡y era igual que la de Aladdin!
-8 dinar estaría bien.
-Nononono, ¡sabotaje eso sabotaje! 15 dinar.
-11 dinares o me voy
-ok, ok, onse dinar onse dinar

Mientras el dueño le guardaba el regalo y cogía el dinero de la mano de Vicente, no paraba de preguntarse cómo habría llegado esa lámpara a aquel sitio tan remoto:

-¿ Desde cuando tiene usted esto?- señalando la lámpara

-¿Cómo?-El tipo puso cara de extrañado. No sabía tanto español como creía

-Emm…combient…vous a..vous avez…nada, dejelo, es igual.

Y Vicente no sabía tanto francés como creía. En las clases de su academia casi no hablaban, solo daban gramática. Salió con su bolsita verde de plástico. El resto de clase seguían en la tienda de antes, los regateos les estaban retrasando.

-Yeeee Visentico ¿que mierdas has comprado?
-Una parida para mis padres, pero esta to fresca ¡es la lámpara de Aladdin!
-A ver a ver- Luis la sacó, exclamando -¡¡aaacho que guapa!! ¿has probado a frotarla??
-No, imbécil- le dijo Vicente mientras se la quitaba cuando ya la estaba frotando- ¡¡Y si te llega a salir el genio de la lámpara te mataba!!

Hotel Rihad Palms, Sousse, Túnez, 14 de abril de 2009, 3:02

Vicente aprovechó la cagada de Migue ( una de tantas) para dar un sorbito, que llevaba un rato sin beber. El juego de los gestos era la puta risa, y no sólo porque te cogías un pedal importante. Ya se les había juntado todo el grupo y los que ayer eran 11 jugando hoy eran más del doble. Hace rato que estaban sólos en el hall del hotel y los camareros empezaban a tener ganas de irse, asi que llegaron las primeras indirectas: luces fuera.

Ya se conocían el protocolo, asi que se levantaron, sin poder controlar el volumen de su voz, los treinta y tantos que eran y se dirigieron a la terraza del hotel, lejos de los apartamentos y bajo la luz de las estrellas. Visto que rascaba más de lo que debería, algunos aprovecharon para subir a las habitaciones y coger una sudadera, Vicente entre ellos.

Encendió la luz y se fue directo al baño a echar un meo. Un momento de tranquilidad para disfrutarlo antes de volver abajo a rodearse de gente y conversaciones a gritos. Se sentó en la cama, deshecha por supuesto, sobre la que descansaba el pijama, la sudadera que se volvería a poner ahora y las bolsas con las compras del día, entre ellas la lámpara. Vicente aprovechó para examinar a solas la lámpara. No se cansaba de mirarla con una sonrisa puesta, le recordaba tanto a esa genial película. Se sintió algo decepcionado al recordar que Luis había frotado la lámpara sin que pasara nada. El también había pensado en hacerlo, aunque sabía que nada sucedería. Ojalá existieran los genios, que fácil nos harían la vida, se dijo. Vió que la tapa de arriba estaba como suelta, así que la levantó para examinar el interior de la lámpara. Una luz morada le cegó, y se hizo la oscuridad.

Poco a poco fue abriendo los ojos y acostumbrándose a la luz de la estancia. Suelo enmoquetado de color rojo, algunos cojines por aquí y allá, mesas bajas, tapices en las paredes. Todo iluminado con velas, luz y ambiente agradable, parecia una auténtica teteria mora. Estaba demasiado aturdido como para levantarse y en el suelo estaba cómodo, asi que se sentó y analizó la situación: habia pasado de estar en la habitación del hotel a, de repente, en una sala que nunca antes había visto. Miró unas letras árabes que había en una de las paredes, apartó la vista y volvió a mirar. Hostia puta. Joder joder joder. Notó que se le aceleraban las pulsaciones, sintiendo la presión en el pecho y el ruido interno del bombeo de sangre: no estaba en un sueño. Eso contradecia todas y cada una de las leyes de la lógica y la razón. Oyó un ruido de cortina de cuentas desplazándose, se giró sobresaltado y vió una puerta que estaba seguro que antes no estaba ahí. Apareció un tipo moreno, de unos 50 años, con canas en su barbita de chivo y el poco pelo que le quedaba. Le recordaba a Oliver Reed, el jefe de gladiadores de “Gladiator”

-No te preocupes, no vas a pasarte el resto de tu vida aquí. No te pasará nada malo.

Esos eran algunos de los pensamientos que se le habían pasado fugazmente por la cabeza mientras hacía acto de presencia ese desconocido. El tipo lucía una sonrisa sincera. Eso y sus palabras le reconfortaron. Algo más calmado, Vicente tragó saliva y acertó a decir:

-¿Quien eres, que hago aquí?

El tipo soltó una risa contenida- Lo primero no sabría contestarlo, sólo te puedo decir que me llamo Belhadj y que vivo aquí desde hace mucho. A lo segundo te diré que, simplemente, has abierto la puerta de mi casa y te he dejado entrar. Bienvenido por cierto.

Vicente recordó el momento en el que levantó la tapa de la lámpara, perdió el sentido y se despertó aquí. Los hechos eran ciertamente innegables y Vicente, que nunca antes se había visto en una situación que le hiciera plantearse todo aquello en lo que más firmemente creía, estaba muy confundido. Sabía que todo eso era real, pero era imposible explicarlo. No se podía creer lo que iba a preguntar, pero era lo único que se le ocurría en ese momento:

-¿¿eres un genio??

-Pues sí ¿ sorprendido, verdad?-. El genio extendió la mano hacia un conjunto de cojines dispuestos alrededor de una mesa, invitándole a sentarse. Ya se había olvidado del miedo y la tensión de antes. Tomo asiento a la vez que su anfitrión.

-Y supongo que sabes a qué nos dedicamos los genios ¿no es así?.

-¿ Cumplir deseos?-En la mesa apareció de la nada un par de tazas de té con su correspondiente tetera. Ante sus propios ojos. Magia, no habia duda.

-Vicente, eres uno de los pocos privilegiados que han entrado en este lugar. Durante cientos de años ha pasado gente de todo tipo por aquí, no muchos, pero todos muy distintos entre sí. Cada uno pidió su deseo, lo que más anhelaban en el mundo y que, por las limitaciones que la vida les había impuesto, no podían conseguir.

-¿ En serio? ¿quien? ¿ cuantos? ¿algún personaje histórico ha pasado por aquí? ¡Seguro!

-Eso ya es secreto profesional amigo- dijo riéndose Belhadj-Estos humanos, siempre tan curiosos…no eres el primero que me lo pregunta.

-Espera espera. Hace un momento has dicho ” cada uno pidió su deseo” ¿Significa eso que sólo puedo pedir uno?

El genio asintió con la cabeza, mientras dejaba la taza en la mesa de nuevo – ¿ Pero que os creíais? Cuanto daño han hecho los cuentos clásicos sobre genios…Efectivamente, sólo puedes pedir uno, así que piénsatelo bien.

Vicente ya iba a abrir la boca cuando el genio le interrumpió: -No vale decir “infinitos deseos”. Ya han intentado el truco otras veces. Un deseo es un deseo. Salvo eso, te concederé cualquier cosa que me pidas.

Mieeeerda, pensó Vicente. Gorka siempre le contestaba lo mismo cuando le planteaba la hipotética situación de que un genio les ofreciera un deseo, y siempre le había parecido la mejor respuesta. Pero entonces se acordó de lo que contestaba él cuando tenían esa conversación. Sin duda, era la segunda mejor opción que jamás se había planteado. Sólo imaginárse que estaba a punto de conseguirlo, se empezó a reir:

-¡Ya lo tengo!

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Bueno, esto requiere una buena explicación. Resulta que quería plantear un tema con una introducción algo literaria, el caso es que me he empezado a enrollar y al final me ha quedado esta historia ¿ Os ha gustado ? ¿ Que os parecen mis dotes narrativas? Quiero escuchar vuestras críticas, constructivas, quiero saber en qué he fallado, qué os ha gustado o que notáis que no queda bien. La narrativa siempre me ha tirado mucho pero hace años que no tengo ideas con las que empezar a escribir siquiera relatos cortos, esto es lo más parecido que hago desde hace años.

La situación de la historia es algo que nos hemos planteado todos en la vida. Si os pudieran conceder un deseo, solo un deseo ¿que pediríais? En la segunda entrega os contaré que es lo que pidió Vicente, ese misterioso personaje cuyo parecido con alguna persona que conozcáis es pura coincidencia. Hasta entonces podéis comentar lo que pediríais vosotros y lo que creéis que contestará Vicente.

2 Responses to “¿Desea sobreescribir estos datos? ( 1ª parte)”

  1. Jaume Says:

    lo de kaka es un puntazo jajajajajajajaja con tal de vender se rompe el hielo con lo que sea xDDDD

    la narrativa de puta madre, aunque sin leet el final, habria dicho que el tripi que te habias metido era de 2 km cuadrados xDD

    lo del deseo es algo xungo…para empezar habria que elegir entre ser egoista y ser generoso..

  2. Marta Says:

    Yo evitaría cosas como “Vió que la tapa de arriba estaba COMO SUELTA”, eso si se lo estás contando a alguien vale, pero en un relato no puedes hablar como si estuvieses cn los colegas, yo pondría algo en plan “algo aflojada” o “ligeramente abierta” o algo así. Lo demás bien y l historia de puta madre. Y mi deseo es lo que dice Jaume; sinceramente creo que tiraría hacia el egoismo, pero no se que pediría… Yo creo que se lo que va a decir Vicente pero no lo digo por si acierto y se desvela!

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