¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Recientemente terminé de leer el libro en el que se basa la película Blade Runner, del que había oído muy buenas críticas . Me lo compré en un arrebato consumista en la Fnac, no podía irme de ahí con las manos vacías asi que cogí esta reciente edición que estaba en un lugar destacado en la sección de novedades.
Cuenta la historia de Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que se gana la vida ”retirando” androides en la tierra, que tras una devastadora guerra nuclear ha sido contaminada por polvo radiactivo. Desde entonces la mayor parte de humanidad ha migrado a colonias y solo se quedan en la tierra los que trabajan allí o los ”especiales”, gente que ha sufrido efectos nocivos por la radiación y les prohíben emigrar.
La evolución de los personajes y la atmósfera que recrea te mete de lleno en la historia, y además llega un punto, hay un preciso instante en el que la acción que se desarrolla va in crescendo y no puedes despegarte del libro, hasta que llega el satisfactorio y profundo clímax. Y entre algunos de los temas que trata la novela, destacaría uno que siempre he tenido en cuenta, ya desde antes de leer el libro.
El principal criterio en el que se basa el test Voight-Kampf ( el que permite distinguir a los androides de los humanos) es la empatía. Los androides están programados para simular cualquier sentimiento humano, excepto la empatía. Les plantean situaciones que implican (normalmente) maltrato de animales o personas a los presuntos androides y según su tiempo de respuesta se sabe si lo son o no.
La capacidad de situarse en el lugar del prójimo, valorar la situación desde su punto de vista y el sufrimiento que podemos provocarles es la que evita que maltratemos a un compañero o abandonemos a un animal, entre otras muchas cosas. No se me ocurre nada más humano que sonreír cuando vemos a alguien contento o sentir tristeza por alguien que lo está pasando mal.
Ese respeto por la vida y los sentimientos de los demás, esa forma de comprender perfectamente al otro sin necesidad de explicaciones es una característica inimitable que espero que nunca perdamos, aunque se ha visto que la empatía puede ser anulada por una personalidad cruel o una ideología lava-cerebros. Y ese es el preciso momento en el que nos convertimos en androides.
Lo incluyo directamente en la categoría de ”libros que te hacen mejor persona”, aquellos con los que aprendes algo importante: una gran idea, una valiosa lección, un nuevo punto de vista…

Y no podía irme sin hablar de la película. Los personajes y el argumento son iguales entre el libro y el film, pero el contexto cambia sustancialmente. Por ejemplo en el libro la tierra está casi deshabitada y destrozada mientras que en la película aquello parece una mezcla entre Tokio y New York, con gente hasta los topes, ni rastro de polvo radiactivo. Y las conclusiones a las que se llega en la película y el libro también son diferentes.
Como adaptación del libro deja bastante que desear, pero como película en sí misma es una auténtica obra maestra. Creo que es necesario probar las dos cosas porque las sensaciones que dejan son diferentes pero muy gratificantes.
PD: Haceros como sea con la versión de El montaje del director. El final que impuso la productora es el mayor pastel de mierda que os podéis comer. Si tenéis curiosidad ya os lo contaré, pero antes ved el verdadero y auténtico final, que introduce un matiz totalmente contrario al libro pero que es MUY interesante.
Enero 27th, 2009 at 23:25
Siempre que paso por la biblioteca tiendo a buscar este libro. Le tengo unas ganas enormes y por lo visto, a tenor de estar siempre prestado, mis conciudadanos tienen el mismo gusto
La película sublime desde luego pero no he visto el montaje del director.