Cuestión de La Fe

Como bien sabeis los que os enteráis de mi vida vía métodos tradicionales (comunicación verbal y/o Facebook), estoy ahora mismo y hasta finales de marzo, cumpliendo el sueño de todo empresario: trabajar pagando y sin cobrar como parte de las prácticas obligatorias para convertirse en un caballero Jedi farmacéutico de pleno derecho. Las opciones eran cursarlas en farmacia de las de toda la vida o en hospitales en los que ofrecieran plaza, en mi caso elegí la segunda opción, principalmente porque la oficina de farmacia es la salida profesional más fácil de todo farmacéutico, por lo que podría tomarla en cualquier otro momento. También porque todos mis compañeros que hicieron prácticas hospitalarias me hablaron muy bien de la experiencia.

Mi jornada empieza entre las 7:30 o las 7:45, dependiendo del dia. Dosis de cafeína y viaje en coche, 10-15 minutos, el trayecto es fluido y sencillo hasta que llego a la Rotonda de la Muerte. Es el último obstáculo que me separa de la carretera al “parking” del hospital, pero el más duro de todos: una rotonda sin ley y orden, en la que sólo el más fuerte prevalece y la única forma de pasar es asomar el morrito del coche y rezar para que algún otro estresado conductor se apiade de ti. A veces, como recíen caidos del cielo, envueltos en una providencial aura de bondad y amor, aparece un policía de tráfico que detiene los coches para que puedas incoporarte tranquilamente. Esos dias agradezco a Dios su obra y su creación. El resto de días que no hay polis, me cago en él y en toda su descendencia.

Hubo un dia en el que la policia de tráfico venia representada por una rubia de imponente presencia, que además, casualidades de la vida; se puso a hablar con el conductor de mi izquierda, poniendo su magnífico y espelendoroso culo a la altura de mi cara. Lectoras alitapollenses, hasta vosotras habriais mirado. Mi cerebro procesó decenas de formas de resolver aquel conflicto, en casi todas ellas acababa yo así:

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Tras superar la peligrosa rotonda, llego al “parking”, un descampado conocido como El descampado de la muerte. No tiene nada de peligroso, pero suena muy musical y turístico, cualquier lugar al que le pongas el sufijo “de la Muerte” queda bien. Matojos, barro, cráteres y pendientes me separan de mi no ansiado destino, el sótano del hospital, las mazmorras desde las cuales los farmacéuticos traman y conspiran perversos planes de validaciones terapéuticas o preparación de unidosis.

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Los días de lluvia, las probabilidades de acabar resbalando y untadito en chocolate se multiplican en un 500%

 

Como en la Fe no escatimaron recursos a la hora de construirla, tengo un jugoso y sabroso escritorio para mi solito con un PC con Windows 7 Enterprises y silla de despacho (la cual es tan cómoda y nuevecita que estoy ideando un plan para sacarla de alli sin que se note demasiado, creo que resultaría cuanto menos SOSPECHOSO ver a un tipo en bata corriendo por la recepción del hospital empujando una silla), posición privilegiada desde la que ejerzo las tareas imprescindibles para evitar el colapso y caos supremo en el hospital. Y a veces compruebo mi Twitter (ya que Facebook está, sabiamente y en pro de la productividad, bloqueado). A continuación os describiré algunas de las tareas más comunes de las que me encargo.

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La impresora al lado, ni siquiera me tengo que levantar. Y todo lo que quiera imprimirme (billetes de Ryanair, trabajos...) ¡me lo pagáis entre todos, pringaos!

 

Indicadores

Son una serie de datos estadísticos para llevar al dia la cuenta de pacientes ingresados, validados, reclamaciones, datos mensuales, etc. Todo en unas hojitas de calculo Excel en las que desarrollo las complicadas técnicas informáticas de copiar&pegar, sumatorios y buscar en carpetas. A veces hasta me toca levantarme y todo a por unas hojas que guardan en la sección de preparación de medicamentos o en un despacho que hay al lado. Apasionante es la palabra que mejor define esta tarea.

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Foto que resume el 89% de mi tiempo en el hospital

 

Valores de creatinina

Una de mis favoritas (sin ironías), aqui lo que toca es comprobar las analiticas de los pacientes de Nefrologia (concretamente los valores de creatinina, un sencillo y eficaz sistema para controlar la función renal) y actualizar con los datos más recientes. A veces faltan los datos de peso y altura del paciente, que son importantes para calcular bien la fórmula que nos mide la función renal, por lo que toca subir a planta y preguntar a los propios pacientes. Esta parte es entretenida porque te pateas el hospital y ves la vidilla del mismo: las enfermeras hablando en corrillos, los comerciales trajeados mendigando a los médicos para que prescriban sus marcas, los y las jóvenes residentes pegados al culo del médico experimentado de turno, pacientes deambulando por el pasillo…

Apuntamos en una hoja los números de los habitaciones y vamos paciente a paciente diciendo mi frase mágica y estelar:

(toc toc) ¿Se puede? (entro sin esperar a que respondan, os jodeis) Hola buenas, venimos del servicio de farmacia ¿podría decirnos por favor el/su peso y altura del/de la paciente?

Y la gente te lo dice sin rechistar ni dudar ni preguntar para qué hago eso, es ver la bata blanca y acceder a todos tus deseos. Pobres enfermitos indefensos que se someten a la voluntad del Dios de la bata blanca. Podría pedirles cualquier cosa mientras lleve la batita de rigor, un par de folios en la mano y unos bolis asomando por el bolsillo delantero:  Hola buenas, servicio de Farmacia, ¿ha mantenido alguna vez realciones sexuales con animales de granja? ¿fue satisfactorio?. Hola buenas, servicio de Farmacia ¿podría ponerse a cuatro patas, meterse el dedo por el recto y hacer fuerza?. Hola buenas, servicio de Farmacia, vengo a llevarme su alma.

Salvo las pintas del paciente y acompañantes o algún que otro familiar con ganas de contarme su vida, la cual nos importa a todos los allí presentes una mierda; todavia no tengo alguna anécdota graciosa que compartir, la única digna de ello le ocurrió a un compañero anterior a mi, mi maestro instructor P. Preguntó a una señora mayor por “su peso y talla”, a lo que la señora respondió “Peso, 81 kilos y talla, una XL”. Desde que me la contó, siempre pregunto “peso y altura” para evitar confusiones.

Nuestra misión termina cuando tenemos todos los datos de los pacientes que nos haga falta. No hay habitación ni paciente que se nos resista, excepto cuando en la planta de infecciosos vemos el temido cartel:

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En caso de encontrarnos con él, el protocolo a seguir consiste en:

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Atefarm

La más odiosa sin duda. Antes me meto en las habitaciones de infecciosos que dedicarme a manejar este programita. El ATEFARM sirve para mejorar y optimizar el rendimiento farmacoterápico de los tratamientos hospitalarios. O dicho así en plan finolis: P’ahorrarnos unos duros: cambiar los medicamentos más caros, tratamientos más eficientes…Personalmente me parece un coñazo por lo repetitivo que es.

Nos van dejando en un cajetín los pacientes del dia con los cambios que toca hacer y nosotros los introducimos en los ordenadores. El programita te indica además cuanto te ahorras con el cambio: 2 euros, 25, 1.064…El caso más extremo de ahorro que he visto fue de 100.000 euros. Me imagino que ese era el valor de la indemnización por defunción.

Lo que me gusta de este programa es lo que representa para el hospital y la sanidad: muchos dicen que la Seguridad Social y el sistema sanitario es un gasto enorme (que lo es), pero entre este programa y otros muchos detalles que percibes allí con tus propios ojos te das cuenta de que los profesionales de la sanidad buscan formas de ahorrar costes todos los días del año. Nos iría a todos mucho mejor si la sociedad (no sólo nuestros irresponsables y derrochadores dirigentes) fuera consciente de lo que cuestan las cosas de las que todos disfrutamos.

Programa Paciente centinela

Aunque suena muy cool, el programa no consiste en darles un rifle y un casco a los pacientes y que patrullen la planta del hospital, es un simple seguimiento para comprobar todos los pasos desde la prescripción hasta la adminsitración de medicamentos y ver si se cometen fallos. Tampoco puedo daros muchos detalles porque no estoy seguro de si puedo hablar abiertamente del tema, ya que va a acabar siendo un estudio científico de esos que salen en publicaciones médicas. Es bastante molón porque tiene su parte de observación directa de pacientes y es otra excusa para subir a planta.

 

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En el hospital, todos nos lo pasamos de puta madre

Otros

En esta categoría entran todos aquellos trabajos que los farmacéuticos fijos de nuestra sección, sobre todo nuestra jefa, consideran que son demasiado coñazo para ellos, denigrantes o pérdida de su valioso tiempo. Una vez por ejemplo me tuvo rebuscando entre cajas de cartón para guardar unas cosas de un curso para profesionales del hospital. Los del almacén me miraban sorprendidos, pero como llevaba bata blanca, ahi tienes barra libre para cometer todo tipo de locuras sin que nadie te diga nada (De hecho tengo pensado un experimento psicosocial para ver hasta donde llega la influencia de la bata: subir a planta con un plátano metido en el bolsillo de los bolis de la bata. Justo encima de mi placa de identificación que dice “farmacéutico en prácticas”). También nos encargan la redacción de documentos en los que a veces podemos dejar nuestro toque becario. He aquí un ejemplo de lo que digo:

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En otra de mis tareas inclasificables de becario, le enseñé a nuestra jefa a poner hipervínculos a carpetas en los documentos Word, momento a partir del cual pasé a la categoría de “Dios de la informática” para ella y al dia siguiente me pidió que le hiciera una de esas movidas que sólo pueden hacer los administradores del servicio de informática. Es fácil impresionar con conocimientos informáticos a personas que superan la cincuentena, pero tiene sus riesgos.

Cafetería

Pues si, otra de nuestras tareas de becarios (por autodenominarnos de alguna forma, porque allí no nos pagan ni el almuerzo). La dosis de café es aboslutamente necesaria e ineludible para continuar con nuestras labores, nunca me acostumbraré a madrugar tanto sin caer muerto de sueño en algún momento del dia.

En la cafetería nos hacen precio especial (otro de los muchos poderes de la bata blanca), el almuerzo suele ser un café y algo que nos traigamos de casa, fruta mayormente. Hay unos bocatas cojonudamente buenos y baratos que, por evitar acabar hechos unas focas, hemos pactado pedirlos sólo los viernes, en el llamado ”día del bocata”, el día más feliz de la semana. Los ingredientes a elegir suelen ser tortilla de patatas, lomo, bacon, longanizas, chorizo, rabas…Cualquier combinación es posible, tu creatividad e imaginación culinaria pueden llevarte a maravillosos y sabrosos lugares de ensueño en tu paladar.

 

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Definición más acertada de "día del bocata"

Una vez acabadas nuestras tares, a las 14:00 terminamos nuestra jornada, teniendo toda la tarde libre para ocuparla en otros menesteres, cosa que se agradece mucho.

Seguiré actualizando con más locas aventuras durante mis prácticas cuando tenga buen material que compartir, espero que os haya gustado la entrada de hoy. Un saludo a todos, alitapollenses

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El momento más ''histórico'' de los que he vivido allí, el dia que vino Doña Sofía (la reina pa los de la LOGSE), acompañada por el Molt Honorable President y una señora que pertenece al club de la tijera y que siempre va de rojo.

 

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6 Responses to “Cuestión de La Fe”

  1. Marta Says:

    jajajaajajja! me paaaarto con la entrada! especialmente con los comentarios de las descripciones gráficas. A todo esto, ¿qué pretendes investigar con el plátano?

  2. alex Says:

    muy weno el post xin. sinceramente de los mejores! no he entendido xq lo aparcas en el descampado, he ido un par de veces y hay sitio para dar y regalar.

  3. Maria Says:

    yo quiero saber en que consiste la investigación secreta del paciente centinela pero YA!! Por lo demás me he reido como si el mundo colapsara con muchas cosas mientras mi compañera de piso me miraba extrañada.

  4. Jaume Says:

    xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

  5. Pilili Says:

    ajajaja…Me siento identificada con las confusiones con los pacientes.Un dia le pedí a uno que “RECHINASE” los dientes y el muy cabron se puso a relinchar!!!ajajaja

  6. P Says:

    Has descrito a la perfección nuestros quehaceres diarios en el hospital. Yo iría más allá y pondría una caricatura un tanto real de nuestra queridísima jefa, pero entiendo que nos puede meter en más que otro lío. Sin duda, el día del bocata es la razón por la que nos levantamos cada día para ir a nuestro lugar de esclavitud.

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