Ángelas o Franciscos: el problema de las autonomías
Imaginate que tienes una gran empresa que fabrica envases para alimentos. Envasados Gutierrez . Tienes a tu cargo a 200 empleados, 100 en la sección de envases de plástico y otros 100 en la de envases de hojalata. Para cada sección tienes a un encargado, un supervisor. En la primera tienes a Ángela, una responsable y seria trabajadora, de padres alemanes. En la segunda a Don Francisco, natural de Valencia, afable y vividor, como buen mediterráneo que es.

Para facilitar el proceso imaginativo, os dejo un par de fotos de los primeros "Angela" y "Francisco" que me han venido a la cabeza (guiño guiño guño)
Todos los años discuten Ángela y Francisco porque piensan que su sección no recibe el dinero suficiente. Francisco se queja de que no recibe los mismos recursos que Angela, quien argumenta lo mismo, que le gustaría tener más poder de decisión para manejar su sección. Decides, como dueño y máximo responsable de la empresa; que este año le darás a cada uno el mismo presupuesto, les dejarás que ellos decidan por su cuenta cómo distribuir el dinero y los recursos de su sección, para evitar discusiones. Te subes a tu despacho a hacer tus cosas, y dejas la gestión de cada sección en manos de sus máximos responsables, Ángela y Francisco. Pasa el primer año en la empresa, y les pides las facturas y un informe detallado de lo que han hecho cada uno en su sección con el presupuesto que les diste a cada uno.
La sección de Ángela es ejemplar, presenta unos magníficos márgenes de beneficios: eficiencia máxima, una buena producción con el material justo y necesario, cuidándolo y sin cometer excesos. Incluso destinó un pequeño porcentaje de los presupuestos en investigar un nuevo polímero mejorado del plástico que utilizan habitualmente, para ver si saldría más rentable en un futuro utilizar este nuevo material.
Después ves las facturas y el informe de la sección de Francisco, y tu sorpresa es mayúscula: numerosas facturas impagadas, una producción mucho menor que la de Angela, las máquinas que utiliza son antiguas o de segunda mano, incluso compró dos que sirven para lo mismo; amén de otros gastos suprefluos como un futbolín para los empleados y una máquina expendedora de Coca Colas. La sección de hojalatas está en la ruina total.
Llamas a tu despacho a los dos supervisores de sección. Tras felicitar a Angela y abroncar intensamente a Francisco (que por cierto, últimamente lleva trajes nuevos que te preguntas cómo se los habrá pagado…) decides, para salvar a la empresa, dedicar parte del superávit de Ángela a cubrir las deudas que ha dejado la sección de Francisco, con el consiguiente y lógico enfado de ella. Ahora se te presentan tres opciones para que esto no vuelva a ocurrir:
- Despedir a Francisco y dejar que Ángela se ocupe de las dos secciones.
- Darle dos palmaditas en la espalda a Don Francisco y decirle “niño malo, te voy a dar otra oportunidad ¡pero que no se vuelva a repetir!”
- Olvidarte de la idea de dejar los presupuestos en sus manos, volver a gestionarlo todo tu mismo.
Ahora imagina que tu empresa tiene 17 secciones distintas, todas ellas gestionadas por gente como Francisco. Para facilitar este segundo ejercicio de imaginación, os dejo una foto de esta hipotética empresa de la que hablo:
Y esta es la cara que se te queda cuando te enteras de que tienes que encargarte durante los próximos 4 años de esta empresa:

