Por qué me voy a Nepal 2

En menos de una semana me voy quince días a Nepal ¡PAM! Así, de sopetón, de golpe y porrazo, en frío, sin medias tintas, ni paños calientes, en tu cara, chúpate esa. Como en prácticamente toda la narrativa actual, en la que te cuentan primero el ”gran secreto” del protagonista y luego te van desvelando como o por qué llegó hasta ese punto ( fijaros en películas, novelas y series de los últimos diez años, hay miles de ejemplos).

Desvelado pues el gran misterio, la siguiente pregunta suele ser qué motivaciones han llevado al protagonista de la historia a actuar de tal modo, elegir cual decisión y tomar Pascual camino. Aquí van esas razones:

Oportunidad

El año pasado, un amigo de mi hermana estuvo por allí, y le gustó tanto la experiencia que quiso volver. Se lo propuso a mi hermana y le dije, que si salía adelante el plan, que contara conmigo. En cuanto me dijo que sí utilicé la técnica conocida como ‘petardo en el culo’ o, versión valenciana, el ‘pensat i fet’. Esta máxima dice que en cuanto aparezca una oportunidad buena de esas a las que acabamos siempre dando tantas vueltas de si debemos hacerlo o no, lo mejor es comprometerse a hacerla cuanto antes sin pensar y luego ya se verá el cómo llegar hasta ese punto. En este caso fue un comprarme el billete, e ir resolviendo los distintos obstáculos: buscar planes, rutas, alojamientos, material que llevarse, pedir permiso a tu jefe…

Conociéndome, sé que hace unos años era el típico que por el excesivo sentido de responabilidad y hacer siempre ”lo correcto”, seguramente habría encontrado alguna excusa para no ir, como que no tengo bastante dinero, o no podía irme tanto tiempo durante las prácticas…ahora ya sé que estas oportunidades no hay que pensarlas dos veces, porque pueden no volver a darse nunca las condiciones.

Primera vez en Asia

Tras machacarme Europa durante un interrail más un posterior Erasmus, ya tenía ganas de dejar por una temporada los ”cascos antiguos” y ”las catedrales” para pasar a pagodas, templos, temperaturas tropicales, circulación caótica, comidas exóticas. Y que mejor país para empezar que un lugar de Asia totalmente único, un pequeño país que ha sabido mantener su cultura e identidad propia pese a estar rodeado de dos monstruos como son India y China, el país de nacimiento de Sidarta Gautama, más conocido como Buda, cuyas ideas prevalecen desde hace más de 2.500 años. Si si, antes de que los lechuguinos esos de Jesús o Mahoma se pusieran a ganarse fieles por ahí.

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Lo cierto es que en Europa nos creemos el centro del mundo por ser del ‘primer mundo’, nuestro Estado del Bienestar, nuestra Ilustración, libertad individual y resto de ideitas tan occidentales, pero ahí fuera existía mucho antes que nosotros todo un mundo de civilizaciones muy distintas y tanto o más sabias que nosotros, y que 500 años antes de Cristo ya estaban dándole a la quijotera, pariendo ideas sobre filosofía, espiritualidad y bondad, sin necesidad de inventarse Dioses todopoderosos a los que temer. Acercarse a estos lugares creo que es la mejor cura de humildad posible ante tanto endiosamiento.

Reencuentro con la naturaleza

Parte de tener un poco atragantado Europa y resto de viajes por el estilo es que no acostumbro a viajar por entornos que no estén asfaltados y rodeados de edificios de 4 plantas. Estoy muy de acuerdo con las tesis ecologistas que dicen que buena parte de nuestros males es que hemos olvidado de dónde venimos y que es lo que nos mantiene con vida, que es nada más y nada menos que la naturaleza. De ella sacamos alimento, materias primas y energía con la que procesarlo. A nuestro entorno le debemos absolutamente todo, y demasiado tiempo en una ciudad con tus pechugas de pollo en porespán perfectamente envasadas a 300 metros de tu casa o calefacción con darle a un botón, es fácil perder la perspectiva de lo costoso en tiempo, esfuerzo y recursos que es cualquier mínima actividad de nuestra vida cotidiana.

Buena parte del viaje estaré haciendo Trekking por la zona del Anapurna (sin llegar a más de 3.000 metros ni locuras parecidas, tranquila mamá), además de una visita al Parque Nacional de Chitwan, uno de los más impresionantes del mundo, en el que montaré en elefante, veré cocodrilos, pájaros, rinocerontes, y con mucha suerte, un tigre de bengala. Y espero que el único animal que me coma sean los mosquitos.

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Ese que está por ahí andando podría ser yo. Mejor dicho, seré yo. Espectacular foto traída de Viajablog.com

 

Sociedades viviendo al límite

Sin llegar al extremo de lo que seguramente me encuentre en algunos rincones de Nepal, hay motivos importantes para darse cuenta de que a Occidente y nuestra hipertrofiada realidad le va a tocar vivir con menos, nos guste o no. El declive energético que ya se está viviendo va a suponer prescindir de algunas facilidades que a ojos de cualquier nepalí son un lujo.

Para ellos, alimentación completa y variada, infraestructuras bien mantenidas, suministro eléctrico sin fallos, medicamentos baratos y abundantes, pensiones para sus ancianos y un largo etcétera son verdaderos sueños. Llevo tiempo intentando imaginar cómo se construye una sociedad con lo justo y necesario, si es posible tener una vida satisfactoria mientras tengas tus necesidades básicas cubiertas y prescindiendo de gadgets electrónicos caros, Audis full equip y coachs de chichinabo.

Casi todos los miedos que nos asaltan vienen por el temor a lo desconocido, y un nivel de vida más próximo a lo que es habitual en la mayor parte del mundo, asusta principalmente porque desconocemos, yo el primero; cómo es esa clase de vida. Esta ocasión de viajar a un país más subdesarrollado que el nuestro creo que será una buena aproximación desde una ‘distancia’ segura.

Volver a ver un cielo estrellado

Aunque parezca una tontería, una cursilada, o un placer monguer como cuando los perros asoman la cabeza por la ventanilla del coche y se quedan tan contentos; me puedo tirar varios minutos mirando esos cielos estrellados increíblemente hipnóticos que se ven lejos de las ciudades y su contaminación lumínica.

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Así sería el cielo de Rio de Janeiro sin contaminación lumínica. Todo ese espectáculo se nos escapa a diario. Más ciudades, aquí

Como ya reflejé en entradas anteriores, todos los temas relativos al espacio y sus inimaginables límites son capaces de cortocircuitarme por dentro, inspirarme para llenar posts para este blog y empaparme de todo texto que me haga recordar lo frágiles que somos y la infinitesimal ultrasurrealista sucesión de casualidades que han permitido que nazca y muera tanta vida en la tierra.

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Estaré fuera desde el 1 hasta el 15 de marzo, así que no os alarméis, ni gritéis de desesperación ni convoquéis movilizaciones masivas durante mi ausencia (bueno, si es para conseguir que vuelva el programa de televisión Smonka o Humor Amarillo, ahi si).

Prometo y espero volver con mucho que contar, con una sonrisa de oreja a oreja al recordar uno de sus viajes en los que cierras los ojos y todavía eres capaz de imaginarte allí. De emocionarte por darte cuenta de que has hecho algo que recordarás el resto de tu vida.

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2 thoughts on “Por qué me voy a Nepal

  1. Reply Marta Feb 26,2015 13:30

    Allá vamos! Yo mientras en el hotel tengan wi-fi… xDDDDDDDD. Son muchos los enamorados de Nepal, será por algo. Creo que por mucho que nos imaginemos ni nos vamos a acercar a lo que vamos a sentir cuando estemos allí. Y la próxima a subir al Tíbet!

    Por cierto, yo espero que no me coman ni los mosquitos, ni las sanguijuelas, ni ningún otro ser!

    P.D: Gracias a mi misma por mi maravillosa organización, sin la cual estaríamos aún en bragas. Me voy a montar una agencia!

  2. Reply Ivan Entusiasmado (@Entusiasmadocom) Mar 3,2015 23:10

    Pues no sabía que te habías ido Alita. Espero que lo pases muy bien. Una vez que te empieza a llamar Asia, es difícil dejar de querer ir allí. Buen viaje. Ya contarás a la vuelta.

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