Toulouse: primera derrota
Entre muchas de las cosas que se me advirtió que pasarían durante mi año Erasmus, ya hay otra más que tachar de la lista: ponerme enfermo. Aunque parezca mentira, el año Erasmus es el sustituto natural de la antigua y archifamosa “mili”. Somete el cuerpo, la mente y el hígado a un esfuerzo y presión que muchos de nosotros nunca antes habíamos conocido.
Salir durante 3 o 4 noches seguidas hasta mínimo las 5 de la mañana con tempeaturas bajo cero debilita hasta la defensa de la selección italiana de futból ganando 1-0 en el minuto 92 la final del Mundial. Y cuando digo “debilitar las defensas” no me refiero a ese estúpido anuncio de Actimel en el que sale un intestino delgado con boquetes en su pared por los que pueden acceder las bacterias al torrente sanguíneo, provocando una septicemia generalizada y fulminante ( es decir, según ese anuncio, si no tomas Actimel MORIRÁS). Simplemente el cuerpo dice basta, sin razón ni causa aparente, como cuando te peta el coche por llevarlo a 5.000 revoluciones durante un buen tramo.
Todo comenzó sobre las 7 de la tarde del lunes: debilidad muscular, náuseas…Tras acostarme para ver si se me pasaba todo pareció estar en orden, hasta que bien entrada la noche los síntomas volvieron en todo su esplendor, desembocando en una violenta expulsión de restos alimenticios estomacales a través de la boca (por simplificar, lo llamaremos “liberar a Mr.Potato”. Con su bigote y todos sus accesorios). Como mi cuerpo tenía ganas de putearme aún más, también me regaló una señora diarrea, bien líquida e imparable. Así que termine durmiendo comodísimamente en la moqueta de mi cuarto, a escasos centímetros del baño. Podría decirse que sí, ha sido una de las noches más divertidas y agradables del año.
Mucha gente me ha recordado que por suerte, todo esto me ha pillado en el Tripode A, donde podía esperar tranquilamente sentado en el suelo a la llamada de la naturaleza para descomer (por ambos lados: doble efecto, sensación única). Sentarse en el suelo de los baños del tripode C, eso si que me habría provocado una septicemia generalizada y fulminante.
Ahora parece que la huelga de linfocitos y macrófagos junto a la fiesta de la espuma que ha organizado mi sistema digestivo toca a su fin. Lección aprendida cabrones. Este jueves vuelven las famosas fiestas BOOM Insa (esas en las que acaban algunos franceses desnudos) pero tranquilos, lectores preocupados por mi salud, esta vez no pienso tomar riesgos innecesarios ni elecciones equivocadas: esta vez echaremos unos litritos de Actimel en el agua de Valencia.
PD: Como las desgracias nunca vienen solas, hoy se me han roto las teclas r y f del teclado. Si falta alguna de estas letras en el texto anteior, es por eso, disculpen las molestias.
PD2: Muchas gracias a todos los que habéis venido a visitarme, especialmente a la doctora Carol, cuyo suero me ha salvado de una deshidratación segura. Gracias a todos
Febrero 16th, 2010 at 20:39
Jajajajajaja! ciértamente menos mal que te ha pillado en el trípode A… Sino estarías ya en el hospital
Febrero 17th, 2010 at 10:37
xD! Nano, deberías escribir mucho más a menudo jajaja.
Febrero 17th, 2010 at 12:41
Casi me ha recordado a un relato de Palahniuk…
http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/121/121609/
Febrero 26th, 2010 at 14:17
que bueno lo de mr potato xDDDDDDD
a mi en madrid tmb me paso justamente eso, ya sabes que cuando te mudas a otro lugar con otro clima, otra gente… pasa lo que pasa…
Marzo 12th, 2010 at 20:50
[...] tiene unas pocas manchas de pasta de dientes, pero nada grave. La taza fue un gran problema durante mi famosa gastroenteritis fulminante, ya que no tengo escobilla de vater y la tuve unos cuantos días con salpicaduras diarréicas por [...]