Toulouse: tareas del hogar
Antes de venir a Toulouse, en mi concepción y forma de entender del mundo, tenía la idea de que mi casa era un ecosistema cerrado que se autorregulaba, como la albufera de Valencia: si vertías mierda en él, tarde o temprano desaparecería, si abrías la nevera habría comida y tus sábanas siempre estarían limpias. Pues aquí he descubierto que todo es mentira. Resulta que existen unos seres llamados “madres”, ayudados a veces por otras criaturas conocidas como “señoras de la limpieza” o “chachas”, que mantienen el hogar en perfecto equilibrio ¡Ya podían haberme avisado cuando pedí mi chambre que venía sin madre!
Muchos de vosotros seguro que ya os enfrentásteis a esta terrible verdad antes que yo, yo he tardado unos 21 años en descubrirla, como todo en esta vida hay gente más precoz y más tardía: David Villa con 10 años ya jugaba en un equipo de fútbol federado y yo con 15 me metí en el triste equipo de futbol sala del colegio; Alejandro Sanz perdió la virginidad con 14 años y yo….pues yo no ¿que pasa? .
La independencia tiene muchas ventajas pero también importantes inconvenientes, que de hecho todo lo que voy a nombrar a continuación entra dentro de esta categoría.
El suelo: Tanto en el trípode C como en el A, el fenómeno del barrido tiene lugar en muy pocas ocasiones. En mi anterior residencia se daba cuando venía una señora de la limpieza, suceso que ocurría con una probabilidad de 1 entre 1000 putas habitaciones antes que la tuya, o cuando, harto de que las pelusas de tu cuarto se burlaran de tí y te escondieran las cosas, decidías pedirle la escoba prestada a alguien. En el trípode A lo de barrer está aún más difícil, ya que el suelo es de moqueta. Aquí se lleva más lo de la aspiradora de mano, y las pelusas por lo menos han dejado de reproducirse.
La colada: En Valencia, el proceso de lavar la ropa era muy sencillo. Si querías que te lavaran algo, dejabas la ropa metida en un hueco de una estantería y, en un plazo X que puede variar de unas horas a un par de días, tu prenda aparecería misteriosamente planchada y doblada dentro de tu armario. Pura magia.
Aquí también ideé un hueco de estantería ( una bolsa de Carrefour) en el que tirar la ropa sucia. Sin embargo, con el tiempo descubrí que el hechizo que funcionaba en Valencia aquí no tenía efecto, ya que el montón de ropa sucia seguía creciendo y mi cajón de los calzoncillos seguía vacío, suspirando con que lo volvieran a llenar algún día.
Lo que hay que hacer en estos casos es, una vez pasada una semana mínimo, llevas tu bolsa de Carrefour a la lavandería, lo metes todo a 40 grados y tras 40 minutos, más el secado, y 4’50 euros menos tienes la ropa lavada. Lo de planchar es un concepto sobrevalorado que no se lleva mucho por aquí.
La comida: Entre semana es costumbre ir al comedor universitario, ya que por 2’90 comes caliente, a veces cosas sanas como pescado y verduras y sin tener que fregar los cacharros después. Para la cena lo suyo es hacerse algo sencillo con lo que tengas en la nevera de tu cuarto. Pasta, hamburguesas, tortillas, pizzas y pechugas de pavo forman la base de mi pirámide nutricional, con espacio también para delicatessen como chocolate, natillas Carrefour y plátanos. Cuando nos da por hacer cenas colectivas, sólo existen dos opciones: tortilla de patata o crêpes.
Llenar la nevera es otro de los hechizos que no funcionan aqui. En aquella lejana ciudad a orillas del Mediterráneo recuerdo como una vez al mes llegaba un señor con uniforme de Consum y cuatro cajas enormes apiladas una encima de otra repletas de deliciosa comida. Ahora lo recuerdo como una imagen divina, como la de Dios a punto de tocar a Adán en la Capilla Sixtina. De los canelones, las croquetas y todas esas comidas caseras que me hacían mejor no hablamos que me caen lagrimones como puños de solo recordárlo.
La cama: Cuando mi madre me decía que las sábanas hay que cambiarlas porque se ensucian la verdad es que no le creía, pero aquí he descubierto que efectivamente tenía razón. Tienen una facilidad pasmosa para atraer pelusas, hilitos y , atención, migas de pan, que no me explico cómo aparecen ahí ya que entre las actividades que realizo en la cama no está la de comer tumbado en ella. Quizás sean las pelusas de las sábanas que se levantan por la noche a tomarse un tentempié, las muy guarras. ( Ah por cierto, las sábanas las cambio una vez al mes, o cuando empiezan a crujir, según vea. )
Dejar la cama sin hacer es por supuesto uno de los lujos que te permite la independencia, aunque bien es verdad que todo tiene un límite y mi sentido común a veces me dicta que la arregle un poquito.
El baño: Al estar todo el día a remojo es una de las zonas más limpias de la chambre, a excepción de la pila, que tiene unas pocas manchas de pasta de dientes, pero nada grave. La taza fue un gran problema durante mi famosa gastroenteritis fulminante, ya que no tengo escobilla de vater y la tuve unos cuantos días con salpicaduras diarréicas por todo su interior, convirtiéndose literalmente en un foco de infecciones ( cómo disfruto imaginando las caras de asco que ponéis mientras leéis esto jajajajaja). Actualmente tales salpicaduras no existen y la OMS declaró oficialmente mi taza de váter como zona libre de riesgo sanitario.
marzo 13th, 2010 at 14:46
aaaaaaay con el señor de carrefour, que lujos te permites tu en vlc caaabron.
estoy de acuerdo contigo en lo de que planchar no es inidspensable, basta con agitar un poco tu ropa al aire y listo.
marzo 18th, 2010 at 0:19
Corroboro todo menos lo de que a veces te haces la cama, no te la haces ni por saber morir. Y añado que el Carrefour mola mucho y que Toulouse más!