Esos locos rusitos
Mi experiencia personal con los rusos ha sido bastante pobre. Primero fue una niña ucraniana que iba a mi clase allá por 2º de E.S.O a la que gritabamos de vez en cuando un breve y contudente ”¡Elena, los papeles!” en mitad de clase. Después vino Enemigo a las puertas, poco fiable como estudio sociológico de los rusos actuales teniendo en cuenta que está ambientada en la II Guerra Mundial.
Y por último llego mi encuentro directo con esta nacionalidad, tenía 16 años, era verano y estabamos en Malta, lugar de confluencia de estudiantes de todo el mundo, rusikis entre ellos. En este momento se asentaron los tópicos que tengo sobre los hijos de la madre Rusia: las hijas concretamente se caracterizan por estar muy buenas, tener los ojos claros y ser más altas que yo, aunque esto tampoco es demasiado difícil y significativo. Los rusos masculinos en cambio son unos cafres tarados, amantes de las broncas con cualquier otra nacionalidad y capaces de hacerse notar mucho más que un grupo de españoles o italianos borrachos.
Estos tópicos los confirmé definitivamente mediante unos videos que encontré hace tiempo en LLutuf y que me marcaron profundamente.