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Alita de pollo

Para los curiosos que no se cansan de volar

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Seamos sinvergüenzas

17 junio 2012 Por Alita de pollo 3 Comments

¿Cuántas amistades provechosas habremos perdido por no atrevernos a ir a una fiesta en la que apenas conocemos gente?

¿Cuántas relaciones sentimentales nunca llegaron a originarse por no atrevernos a abordar a una persona desconocida que nos gustaba?

¿Cuántas veces nos hemos quedado con una duda importante o evitado compartir una idea interesante por no atrevernos a hablar en público?

¿Cuántas veces hemos tenido que compartir vasos de botellón o entrar sin descuentos a la discoteca por no atrevernos a pedírselo a otros?

¿Existe un sentimiento más poderoso que el apetito sexual, el ahorro o el interés intelectual del ser humano? Si. Hablamos de la vergüenza

No hablo de la sinvergonzonería en el sentido de actuar sabiendo que estamos perjudicando al prójimo sin el más mínimo reparo. De esos ya tenemos de sobra por aquí, como dijo Pérez Reverte: » en esta España donde no hay monumento al sinvergüenza desconocido porque aquí nos conocemos todos». Hablo de la vergüenza referida a la timidez o a la autocensura a la que muchas veces nos sometemos cuando estamos en público. Esta autocensura puede salvarnos muchas veces de un suicidio social, pero otras muchas se convierte en un obstáculo que nos impide mantener relaciones sociales abiertamente,tomar decisiones o decir lo que pensamos.

Una gran pregunta que ha acompañado siempre a los vergüenzólogos de todo el mundo es ¿se trata de un sentimiento social o individual? ¿es la vergüenza una conducta que nos va inculcando la cultura y la sociedad en la que vivimos o es una distorsión de la visión propia de un individuo?

Para varios vergüenzólogos ( ahora se hacen llamar »psicólogos») es una mezcla de ambas, una conducta aprendida que consiste básicamente en una acusación dirigida a uno mismo o al desprecio hacia una serie de acciones (incluida la vergüenza) de la que uno se hace responsable. El psicólogo clínico Geshner Kauffman habla de «autoacusación» y «autodesprecio». Kaufman observó que «mecanismos como la autoinculpación o el desprecio hacia uno mismo pueden usarse en ocasiones como una estrategia defensiva ante la experiencia «pública» de la vergüenza, y que una persona que responda a este patrón de conducta puede estar en realidad representando ante sí mismo mecanismos de castigo temidos para evitar justamente que se produzcan«. Este proceso, sin embargo, «corre el riesgo de ser asimilado por la propia persona, creando una secuencia progresiva de culpa e incriminación que Kaufman definió como la «espiral de vergüenza».

Un mecanismo de autodefensa que nos moldea la sociedad, qué es quien nos acaba dictando qué es y no es vergonzoso. Algo evidente cuando vemos que lo que en unas culturas nos parece totalmente aceptable (ejemplo: relaciones prematrimoniales) en otras es visto como algo totalmente deshonroso. Ningún vergüenzólogo discute ya el concepto de que la vergüenza generalmente parte de la interacción social o que «las normas sociales dictan respuestas emocionales en circunstancias particulares y para determinados grupos de personas».

En cualquier caso, tanto la vergüenza como factor individual y social, es una costumbre aprendida, no innata; y como tal debemos aprender a controlarla y no dejarnos manejar por ella. Y por suerte para nosotros, no hace falta acudir a terapéutas o atiborrarse a fármacos para superarla: es algo que está dentro de nosotros y podemos superar.

No le hables de vergüenza a este tartaja que fue capaz de dar un discurso a millones de personas. Lo tuyo es una tontería comparado con lo que hizo(Fotograma de »El discurso del rey»)

Antes yo era bastante más vergonzoso de lo que soy ahora. Cosas tan simples como llamar por teléfono a un local o estar en una situación social con muchos desconocidos me hacía sentir vergüenza y me costaba un mundo. Pero como muchos otros problemas en la vida, si no los afrontas de cara nunca desaparecerán, si escondes la cabeza ante ellos, cuando la vuelvas a sacar el problema seguirá ahi. Así que desde hace ya varios años decidí cambiar mi actitud ante estas situaciones embarazosas y dejé de verlas como un obstáculo, y se convirtieron para mí en desafíos, en retos. Aunque lo pasara mal en algunos momentos, sabía que el camino no iba a ser sencillo, pero tenía muy claro a dónde quería llegar, asi que no había más remedio que echarle huevos y seguir para adelante.

Si pensamos fríamente en cómo funciona el mecanismo de la vergüenza, vemos que son decenas de escenarios mentales en los que nos vemos fracasando o en una situación embarazosa antes de haber dado el primer paso. Nos autocensuramos por cosas que no han ocurrido ni tienen por qué ocurrir. Es increiblemente estúpido si lo piensas detenidamente. Aunque se que es difícil apartar esos pensamientos, hay que tener presente que eso es un proceso automático de nuestro cerebro y que nosotros somos dueños de la situación, no nuestro cerebro. Somos nosotros quienes debemos sobreponernos a nuestro bloqueo mental, que muchas veces veremos que no se ajusta a lo que realmente ocurrirá.

Para ilustrar lo que supone hoy en día la vergüenza para mi y como afrontarla, voy a contar una anécdota reciente que ilustrará todo lo que acabo de comentar y que espero que os ayude a aquellos que tienen problemas para desenvolverse en situaciones a priori vergonzosas:

Tenía que hacer una presentación oral powerpointera como proyecto de final de prácticas: preparar el tema, recopilar datos, currarme diapositivas y explicarlas delante de unos cuantos experimentados farmacéuticos que a sus ojos era un panguela que no tenía ni idea de nada y ante otros estudiantes.

Algunas de mis compañeras también tenían esa presentación, a la que veían como algo que temer, una mala experiencia inevitable en la que tenían que enfrentarse a la vergonzosa situación de hablar en público y a imaginarse miles de escenarios mentales en los que se veían haciendo el ridículo. Yo por mi parte, aunque también me daba un poco de reparo, ví la presentación oral como una oportunidad para entrenarme para situaciones parecidas, coger experiencia para futuras charlas que quizás algún dia tuviera que dar. Así me planteé la situación: no como un problema sino como una oportunidad, lo cual reduce considerablemente la ansiedad que suponen este tipo de situaciones.

Llegó el día de las presentaciones. Mis compañeras dieron sus charlas antes que yo (que por cierto les salieron perfectamente, lo cual demuestra lo infundadas que son a veces nuestras ideas preconcebidas sobre lo mal que puede salir algo) y cuando llegó mi turno, empecé mi charla que transcurrió con normalidad hasta que en una diapositiva me quedé totalmente en blanco. No supe expresar todo lo que tenía que decir en esa diapostiva en concreto, y tras balbucear un par de gilipolleces (no pude evitar ponerme nervioso en esa situación, lo admito), pasé a la siguiente y acabé la presentación.

Tras ese momento de pánico escénico os preguntaréis ¿y que pasó? ¿empezaron a murmurar entre ellos? ¿me señalaron con el dedo, empezaron a descojonarse de mí y a gritar »que niño más ridículo, apartadlo de mi vista»? ¿me lanzaron bolas de papel y me abuchearon? Nada. No pasó absolutamente nada. No ocurrió ni uno solo de esos escenarios mentales que nos imaginamos de nosotros mismos al vernos en una situación de ridículo o fracaso. Acabé la charla, me aplaudieron, me felicitaron y me llevé un 10 en esa asignatura. De ese pequeño error aprendí lo absurdos que somos al montar enormes dramas por cosas tan insignificantes.

No permitáis que la vergüenza os prive de nada. La vergüenza es un obstáculo que cada vez que superamos nos acerca aún más hacia la persona sin ataduras que siempre has deseado ser. No soy el powerpointista perfecto libre al 100% de vergüenza pero si que soy un poquito más de la persona en la que quiero convertirme, y seguiré esforzándome por serlo siempre que tenga oportunidad.

Efectivamente, alguna vez nos pegaremos una hostiaza ¿pero acaso no funciona así la vida, aprendiendo de nuestros errores, atesorar lecciones valiosas para el mejor asesor que puede uno tener, la experiencia? Pensad además que una situación de vergüenza te inmuniza para la próxima ocasión en la que te veas en una situación parecida. Es como pasar la varicela, una vez pasado el mal trago ya tienes aprendida una respuesta inmune que te hará más fuerte para la próxima vez.

Levantad la mano y hablad cuando queráis decir algo, pensad en algo que decir y acercaros a esa persona que siempre has querido decirle algo. No será fácil, eso está claro, pero el primer paso es intentarlo y veréis que los primeros pasos serán difíciles, pero los segundos no lo serán tanto, porque ya sabréis a lo que os enfrentáis y estaréis más preparados. Parafraseando a Shakespeare «lo que no me mata, me hace más fuerte»

El sinvergüenza es un ser auténtico, valiente, libre, que vive para sí mismo y no para complacer a los demás.

¡ DI NO A LA VERGÜENZA! ¡ SEAMOS SINVERGÜENZAS !

En el vídeo, la clase de sinvergüenzas de los que hablo: gente sin miedo al rechazo social al expresarse tal y como les da la gana. Un 10 a este valiente que nos regaló este momentazo.

PD: Quien quiera evaluar su timidez, aqui tiene una web en la que os darán un resultado orientativo.

Utilidad terapéutica = 0

Capacidad procrastinadora  = +100

(¿que no sabes lo que es la procrastinación? Pásate por esta entrada anterior de ADP, mi querido procrastinador nato)

Filed Under: Psicología, Sociología Tagged With: causas, estudios, origen, psicología, social, superar, vergüenza

Alita de pollo

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Comments

  1. Marta says

    17 junio 2012 at 17:38

    algún día seré la más sinvergüenza, pero nunca dejaré de ser una gran procrastinadora!

    Responder
  2. Jaume says

    17 junio 2012 at 18:05

    Lo mismo digo, Marta!

    Responder
  3. Teodoro says

    7 agosto 2012 at 13:30

    Sentir vergüenza no es malo. Es lo mismo que sentir miedo o cualquier otra sensación.
    Es una señal interna ante algo exterior.
    Sinceramente, no estoy para nada de acuerdo con este autor.

    Responder

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