La parte más memorable, y a la vez trágica, de los viajes largos en tierras exóticas, es la gente que, en apenas unos días o unas horas, son capaces de dejarte huella con su historia personal. B, una mujer checa afincada en Grecia desde hace años, enamorada del carácter mediteraneo y las leyendas griegas, fue una de ellas.
B transmitía un entusiasmo absolutamente hipnótico por Alexandros, el nombre original de Alejandro Magno. Mientras mis compañeros de viaje apuraban nuestras últimas horas de WiFi hasta el próximo destino, B y yo discutíamos, con un mapa de Grecia delante, sobre cuestiones relacionadas con el legendario personaje, del que conocía algunos datos.
Una de sus historias más memorables, fue cuando Alejandro cruzó un río vigilado y defendido a ambos lados por sus enemigos de Tesalia. Mandó esculpir en la roca de las montañas vecinas una escalera hacia el otro lado. Al verse rodeados, sus enemigos se rindieron al instante, pensando que había hecho un milagro, que era realmente, como algunos creian, un Dios. «Son las historias, y los que las cuentan, las que crean a los héroes, no al revés.» Concluyó B mientras seguíamos hablando
Contagiado de ese entusiasmo, le pedí una recomendación para leer todas esas historias de Alejandro. Al dia siguiente me envió un mensaje con el nombre del autor y la trilogía que leyó ella. Le di las gracias y le deseé suerte en sus conquistas, que había compartido conmigo la noche anterior.
Se despidió con una frase que todavía hoy me resuena, porque creo que aún estoy decidiendo cuales serán las mías: »Todos tenemos algo que conquistar» ——————- Además de estar devorando la trilogía que me recomendó, que es droga literaria pura (Trilogia de Alexandros de Valerio Manfredi), sigo con las fotos de Irán calentitas.
Deja una respuesta