Como ya dije alguna vez, soy increíblemente inútil a la hora de ponerle títulos a las entradas, asi que voy a tener que matizar un poco a qué me refiero exactamente cuando hablo de ‘tradiciones’ inexplicables.
En esta entrada voy a hablar de hábitos, costumbres o tradiciones culturales que se dan en la geografía española y que son de difícil explicación, ya sea por lo curioso de su funcionamiento, por su irracionalidad, su origen incierto o todo a la vez. O dicho de otra forma, esas preguntas idiotas que la mayoría de personas se guardan para su mundo interior, pero que en un blog cajón de sastre-humorístico como este, pues tienen cabida e incluso dan para unos minutos de entretenimiento.
Un, dos, tres, Pollito inglés
Si ves un polícia dirigiendo el tráfico y te ordena que te pares, detienes el coche. Si vas por un oscuro callejón y te aparece un perro rabioso enseñándote los dientes y gruñéndote, te detienes. Si vas por el campo de domingueo y te aparece un Tiranosaurus Rex, te detienes, pues todo el que haya visto Parque Jurásico sabe que sólo ven objetos en movimiento.
Pues bien, si te aparece un polluelo o cría de gallina criado en una granja al norte de Southampton o cualquier otra región de la campiña inglesa, también te detienes. En el conocido juego infantíl de ‘Un dos tres, pollito inglés’ el pollito impone el mismo respeto y autoridad que un guardia urbano, un perro rabioso o un tiranosaurio. Podría haber sido un burro. O un pato. O una oveja. O un zorro. O un león, o cualquier otro animal fiero, grande e imponente. No. Tuvo que ser un pollito. Y no de un sitio elegido al azar no, tenía que ser de Inglaterra.

Para el que no sepa de que estoy hablando, el juego infantil El escondite inglés o Un, dos, tres pollito inglés se juega en grupos, en un patio, en la calle o cualquier otro sitio en el que haya una pared. Uno de los jugadores se queda y hace de «pollito inglés». El «pollito inglés» se coloca de cara a la pared, de espaldas al resto de jugadores y pronuncia, más o menos deprisa, la frase:«Un, dos, tres, ¡pollito inglés!» y se gira. Los jugadores no pollitos tienen que avanzar mientras el pollito inglés está de espaldas, si el pollito inglés los ve moverse, los manda a la posición de salida. Gana el que llegue a la pared en la que está el pollito inglés.
Para añadirle más misterio a este popular juego, tras buscar en Google y en antiguos pergaminos de bibliotecas con bibliotecarios canosos y medio locos como los que salían en las películas de Indiana Jones, no he encontrado ninguna explicación al nombre de este juego. Si que he observado que el juego existe en otros paises, y así por ejemplo en Estados Unidos se le conoce bajo el nombre de »Red light, Green light», como las luces de un semáforo, que tiene más sentido que un pollito inglés mandando parar a la gente.
En el mítico concurso Humor Amarillo tenían una prueba cuyo funcionamiento era exactamente igual al de este juego, y como no podía ser de otra manera, se llamaba »Uno, dos, tres, escondite japonés». Para más dificultad al juego, obligaban a los concursantes a ponerse trajes incómodos y cuesta arriba.

Gastronomía española
Contaba yo con 16 o 17 años cuando me mandaron (y yo tan feliz) en verano a Malta, una isla mediterránea ex colonia británica a la que vas de adolescente a aprender inglés y ver mundo, entre otras cosas. El primer día de academia de inglés nos hicieron la pertinente prueba de nivel. A la mayoría de mis compañeros los enviaron juntos a unas clases, pero a mí me mandaron sólo a otra que únicamente consistía en hablar. Nada de aburridos ejercicios de gramática ni listening, charrar como únicos deberes.
Cuando llegué al aula, estaban todos sentados en círculo en pleno debate. En su mayoría eran chicas de nacionalidad sueca, noruega y otros paises escandinavos. El tema del que estaban hablando era comida, platos típicos de nuestros respectivos paises. Cuando llegó mi turno, les dije que en España nos comemos »anything that moves» (cualquier cosa que se mueva).
Cuando empecé a contarles que aquí comíamos desde ternera y cordero hasta conejo, caracoles y pulpo; muchos soltaron exclamaciones, caras de terror y otras expresiones de espanto absoluto, como si acabara de decirles »pues si, uno de los platos más habituales es atravesar el corazón de una mujer embarazada y servirlo caliente junto al feto recién arrancado de sus entrañas». La parte del conejo les horrorizó especialmente, por lo visto es una mascota muy habitual entre ellos.
Desde aquel día descubrí que, si lo piensas, la comida española está repleta de platos y guisos que pueden ser considerados para la mayoría de culturas como asquerosas. Desde tripas de cerdo y de vaca hasta sesos de cordero, la lista de productos aberrantes y poco apetitosos a primera vista es bastante extensa. Últimamente estoy comiendo por presión popular ( mis amigos lo piden casi siempre que salimos a cenar), un plato que ya a simple vista e incluso con la extensa y abierta cultura gastronómica de un español, echa un poco para atrás. No hace falta fijarse mucho para ver los pelillos del interior de la nariz del cerdo cuando vas a degustar un crujiente trozo de morro.

Como curiosidad, después de traumatizar a aquellos escandinavos, no volví a esa clase nunca más, me trasladaron a otra que era más mainstream. Quiero pensar que fue porque ya habían podido formar más grupos de distintos niveles, y no porque los norteños me expulsaron por monstruo.
Caga Tió
Aunque es una tradición que no ha traspasado las fronteras de su tierra de origen, Cataluña (aunque según algunas fuentes también se hace en Aragón e incluso algunas regiones de Occitania, así que su origen podría remontarse a la corona aragonesa), se merece una mención especial esta curiosísima y a la vez aterradora tradición navideña.
El Caga tió o Tió de Nadal es una adorable criaturita hecha de madera a la que se le empieza a dar de comer a principios de diciembre cada noche. Se le ‘alimenta’ hasta la Nochebuena, y entonces el Tió, golpeado con bastones por los niños mientras cantan una canción, «cagará» regalos para estos ( turrones, chucherías, etc).

Precioso. Sencillamente precioso. La lección para estos niños es que después de alimentar y cuidar a una indefensa criatura durante un mes, acogerla en tu casa y darle todos los cuidados, cuando llega el dia de Nochebuena, coges un palo y le pegas una paliza de muerte, cantando con sadismo al más puro estilo »La naranja mecánica»; todo para llevarte unas chucherías.
¿Que clase de monstruos desalmados estamos creando? ¿Cuantos psicópatas adultos se habrán criado entre palizas salvajes a Tiós navideños? ¿Cuantos niños y niñas, con lágrimas en los ojos y presionados por la tradición familiar, han tenido que golpear a su querido Tió, mientras pensaban »esto me duele más que a tí, lo siento amigo mio»? ¿Cuanta violencia y muertes de adorables Tiós se podrían haber evitado si tan salvaje y cruel tradición hubiera desaparecido?

Que llueva, que llueva
Si empezamos a analizar los cánticos populares y su lógica, de esta entrada podría salir un libro. Pero hay una canción en concreto que ya desde que era un tierno infante, cuando mi minúsculo y limitado cerebro me permitia establecer razonamientos propios, ya me parecía a mi que fallaba en muchos de sus planteamientos. La canción por todos conocida, dice así.
«Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva,
los pajarillos cantan, las nubes se levantan,
que sí, que no, que caiga un chaparrón
que rompan los cristales de la estación.»
Preguntas ASÍ A BOTE PRONTO:
1. ¿Quién es la virgen de la Cueva? ¿Qué coño hace una virgen en una cueva? ¿Tan fea era?
2. ¿Los pajarillos cantan y las nubes se levantan? ¿No hemos quedado en que está lloviendo o que lo estamos deseando?
3. ¿A que viene ese »que sí o que no»? O pides que llueva o que no llueva, no las dos cosas a la vez
4. Hay que ser cabrones para desear que se rompan los cristales de una estación, podría salir alguien herido ¿y por qué una estación? ¿que estación?
A día de hoy, esta canción me sigue pareciendo una contradicción a cada uno de sus pocos versos y una sucesión de frases ilógicas. La única parte a la que le he encontrado sentido es »La Virgen de la cueva», por lo visto en Asturias existe un Santuario del siglo XVI dedicado a tal Virgen y a la que me imagino que se le pide que utilize su poder y su influencia celestial para provocar lluvias.
Desde aquí hago mi humilde propuesta para modernizar este cántico y dotarle de más sentido en todos los aspectos, tanto en intenciones como en su precisión científica:
Que llueva, que llueva, La Virgen de la Cueva situada en Infiesto, Asturias
aunque sepamos que la lluvia responde a un fenómeno atmosférico
y no a los designios de una figura religiosa católica.Los pajarillos no cantan, pues corren a resguardarse de la lluvia
Las nubes se concentran dispuestas a precipitar su contenido en aguaQue si, lo deseamos, que caiga un chaparrón
pero que no provoque daños materiales ni humanos de ningún tipo
pues sólo queremos un volumen de agua por metro cuadrado
suficiente para tener buenas cosechas y no tener que ir al colegio
Hace calor en verano, hace frio en invierno
Lo he considerado tradición porque se repite todos y cada uno de los malditos años desde que tengo uso de razón. Lo que para muchos es una obviedad que se trabaja en capítulos de Barrio Sésamo o durante la guardería, para muchos medios de comunicación cuyo único propósito parece ser (pero sólo lo parece eh) idiotizar al personal con polémicas absurdas y noticias rancias, es un acontecimiento histórico. En otoño y a principios de verano los rancioperiodistas salen de sus madrigueras y pretenden relanzar su carrera relatando el INCREÍBLE E INEXPLICABLE FENÓMENO de que empieza a hacer calor a mediados de junio. Lo mismo ocurre en otoño, dónde se da el ilógico proceso que ni los meteorólogos más expertos pueden explicar, que consiste en que cuando se acerca el invierno, las temperaturas tienden a descender.

Recuerdo en uno de esos informativos esperpénticos veraniegos, en un ejercicio de vergüenza ajena dificilmente superable, había un reportero en mitad de un puente de Sevilla en pleno agosto, presumiendo de que hacía tanto calor que se podía, literalmente, freir un huevo. La imagen era lo más estúpido y absurdo del mundo: un profesionalísimo periodista, con un micrófono en una mano y una sartén en la otra, con un huevo crudo encima que no se iba a freír aunque estuviera todo el maldito día ahí torrándose al sol sevillano. Imaginaros las caras de los que pasaran y vieran semejante estampa.
Por desgracia, no he podido encontrar semejante joyita televisiva, pero si me he topado con unos gilipollas de un calibre similiar, intentando el mismo experimento condenado al fracaso y al ridículo de quien lo realiza.
Los churreros
I amar prestar aen (El Mundo ha cambiado)
Han mathon ne nen (Lo siento en el agua)
Han mathon ne chae (Lo siento en la tierra)
A han noston ned gwilith (Lo huelo en el aire)
Ne awen var da mir(El sendero está cerrado)
En churreroldar han telem (Y los churreros lo custodian)
Antigua inscripción en valenciano antiguo, Libro de Hechizos de Festejos y Turismo
Anónimo, 1127 D.C

Nadie los ha visto fuera de sus barracas de neones, que aguantan 24 horas al día durante la semana de antes y durante las Fallas. Aparecen, arrasan en recaudación gracias a los borrachos hambrientos y familias de domingueros, y desaparecen sin dejar rastro. Después de vuelta al horario laboral habitual, no los volverás a ver. No te los encontrarás comprando en un supermercado, cenando en un restaurante en la mesa que hay a tu lado o en la cola de Zara esperando para pagar. NADIE conoce a un churrero fuera de su territorio y su semana fallera. NADIE conoce a un churrero fuera de su barraca y sin su uniforme blanco chorreoso de aceite. Simplemente desaparecen.
Cuenta la leyenda que la semana antes de Fallas, Rita Barberá y las Falleras Mayores se suben a lo más alto de la Torre de la iglesia de San Agustín con un pesado y antiguo libro de hechizos y 5 botellas de cazalla. Nadie conoce con certeza el ritual exacto que se lleva a cabo ahi arriba. El caso es que tras esto, los churreros se extienden a lo largo y ancho de toda la ciudad de Valencia, en un ratio aproximado de 1 churrería por cada 400 habitantes.

Si hay algún churrero leyendo esto, por favor, que de señales de vida. Queremos pruebas de que sois reales, de que existís más allá de los horarios y fechas festivas.
Me ha dado un ataque de la risa en serio x’D
¡Tienes razón en todo! Pero tranquilo que no todos los españoles somos así… Yo no hago ni he hecho ninguna de las tradiciones que has dicho, pero sí, las veo mucho y no me había parado a pensar que algunas son muy estúpidas.
Ya no voy a poder oír lo de: ‘que llueva, que llueva’ sin analizarlo como has dicho jajaja
Y que nada, que me ha dado por hacerte una visita cuando he visto que me has comentado tanto y mira, resulta que tu también tienes un blog super interesante 🙂 Te tendré un ojo encima -.O
Un saludo.
Un placer verte por aqui Kate, me alegro de que el aprecio a nuestros blogs sea mutuo
Por cierto, ayer inspirado por una entrada tuya minimalista, abrí mi armario y lo vacié de un montón de prendas que hace años que no uso. Ahora tengo un montón de espacio en el armario, varias bolsas listas para la beneficencia y una satisfacción enorme. Espero que me sigan inspirando tanto tus entradas.
¿En serio? ¡Es genial! El minimalismo es una gran herramienta para poner tu vida en perspectiva. Parece que sólo liberas espacio y te libras de cosas pero no. Ganas tiempo y liberas espacio mental… y con espacio mental fluyen mucho más las ideas y los proyectos porque estás mucho más enfocado, sin distracción.
Verás que te sienta de miedo abrir el armario ahora y encontrar todo rápidamente o tener espacio para las cosas que para ti si son importantes.
Un abrazo ;3
Kate.
¡Me estoy partiendo de la risa! Me tengo que ir ya de la oficina pero esta noche devoraré tu blog.
PD: En Catalunya es «un, dos, tres, pica paret sin mover los pies… ¡ya!» (porque das golpes en la pared) y en Bélgica es «1, 2, 3… piano!» (y en lugar de dar golpecitos mueven los deditos como si tocaran una sinfonía).
La virgen de la Cueva no está en una cueva porque sea fea sino porque un pastor encontró en ella una imagen de la virgen creada por Fray Bonifaci Ferrer (hermano de San Vicente Ferrer) cuando fue prior de la Cartuja de Portaceli.
La Cueva Santa está en Altura, en la sierra Calderona, en un paraje precioso antes de que se quemara hace un par de años.
Aqui en Alicante también hay una virgen de la Cueva, de hecho siempre creí que la canción venía de algo de ahí.