Sin orden judicial, ahora mismo un organismo gubernamental puede acceder a los datos personales de cualquier ciudadano del mundo, incluidos tu y yo. Conversaciones telefónicas, emails, mensajes, compras, movimientos…hora, lugar, y contenido de esta información, perfectamente accesible y sin nada que poder hacer al respecto, con total impunidad para compartir esos datos con terceros. Sin más recursos que cualquier aparato electrónico, incluidos teléfonos fijos que ya no hacen falta ser »pinchados» como antaño. Drones de vigilancia individual, grabando movimientos durante jornadas de más de 8 horas. 125 gigas por segundo de datos confidenciales, a través de 20 máquinas idénticas…
Hace apenas 2 años, toda esta información se hizo perfectamente pública, sin más consecuencias que un par de ruedas parlamentarias, interrogatorios, y titulares mediáticos. Ningún acusado, salvo los delatores, ningún condenado, ninguna respuesta por parte de las víctimas de este atropello. Nada.

Todo esto lo recuerda actualmente en las carteleras españolas el documental »Citizen Four», que narra las filtraciones sobre la red de espionaje mundial creada por la Agencia Nacional de Seguirdad (NSA) del gobierno de Estados Unidos que hizo Edward Snowden, sacrificando su vida personal y su seguridad, tanto él como los valientes periodistas y juristas que le ayudaron. Durante el oscarizado documental, se repasa el contenido de aquellas filtraciones, la increíble magnitud de las mismas, la implicación de empresas privadas que utilizaban todos estos datos gubernamentales para espiar a competidores, o para vigilar de cerca a activistas, instituciones o particulares que demanden o sencillamente actúen contra el gobierno de Estados Unidos, listas negras de personas a las que pueden retirar el pasaporte, retener y arrestar cuando quieran. Sólo hay que ver los 113 minutos que dura la película para darse cuenta del enorme calado, el ilimitado y terrible nivel de este proyecto.
A la salida del cine, he recordado perfectamente como Julien Assange, precursor mediante Wikileaks de las filtraciones de la vigilancia totalmente enfermiza y dictatorial a la que somete la Agencia Nacional de Seguridad a buena parte del planeta; permanece ya más de 2 años de arresto domiciliario en la embajada de Ecuador en Londres. O Braddley Manning, el soldado condenado a 35 años por colaborar con la Wiki, repleta de documentos oficiales que relatan con detalle crímenes y abusos que habían sido negados una y otra vez por autoridades oficiales. Millones de pruebas de que nos mienten a la cara y a diario.

Si se piensa fríamente, es así de espeluznante: los únicos perseguidos por la justicia son aquellos que se atreven a jugárselo todo y contarlo, y no todos aquellos responsables de un atentado a la libertad, intimidad y derechos de cientos de millones de ciudadanos. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre una dictadura y lo nuestro, cuando en las dos el perseguido sin ninguna garantía judicial y por puras presiones políticas es el ciudadano que se atreve a denunciar los crímenes del régimen de turno?
Lo más terrorífico de todo el asunto es el cinismo y frialdad extrema con la que acogió la gran mayoría de la sociedad todos estos abusos. »No nos cuenta nada que no supieramos» escuché varias veces en ambos casos. Como si eso lo hiciera menos grave. Como si dejara de importar. Y con estas frases de absoluta indiferencia, y mientras nos asaltan con un nuevo torrente de información, banal, superficial y tergiversada a más no poder, va muriendo, esa voz, el espiritu crítico, las ganas de justicia. Y lo cierto es que hay una buena explicación a este hecho.
Revelaciones de secretos que antaño hacían caer a gobiernos, como el caso Nixon o, sin ir más lejos, el del PSOE y los GAL; hoy en día caen en el saco absoluto de la indiferencia. Ya no funcionan aquellos métodos por los cuales la sociedad civil podía, en cierta manera, defenderse de los abusos del poder. Se descubre Wikileaks, le levanta el velo del espionaje masivo del NSA…y ni el más leve arañazo a ese sistema corrupto y podrido a ojos vista, con los culpables ocupando los mismos puestos de siempre. ¿Cómo es posibe? Por una simple razón: el exceso de información

Es fácil perder el nivel de atención y preocupación que requiere un crímen a la ciudadanía tan gigantesco, el mayor de la historia. A mí, a activistas mucho más implicados y a cualquiera, le es imposible mantenerse alerta. Todos los días, a través de nuestros smartphones, ordenadores, tablets, televisiones, periódicos, revistas, radios, amigos, compañeros; recibimos miles de estímulos informativos que nuestro cerebro, con todas sus limitaciones, es incapaz de procesar, retener y afianzar los sentimientos que ello genera. Percepción, valoración y respuesta, las 3 fases de la información, se suceden una y otra vez a diario en cuestión de segundos.
¿Cómo es posible mantener el mismo nivel de atención informativa, el mismo nivel de indignación? Es sencillamente imposible cuando somos, entre los que me incluyo, una sociedad acostumbrada e incluso diría adicta a recibir información de forma masiva y vertiginosa a todas horas. No sólo hay que pensar en la información que recibimos a través de los medios, pensemos también en las preocupaciones diarias, los encuentros con amigos, con familiares, con clientes, los planes, compromisos…No es posible procesarlo y retenerlo todo.
Y así es cómo se acaba con él. Muere y calla el espiritu crítico y nuestra capacidad de respuesta, y gracias a ello, se siguen perpetrándo nuevos crímenes.
Es por esto que tras cientos de casos de corrupción, injusticias y burlas a la ley contra la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no ocurre nada. Ni ocurrirá. Ni siquiera los más aberrantes y horribles crímenes que se puedan imaginar (me costó durante semanas pensar en otra cosa cuando leí sobre esto en burbuja.info, y aún me sigue doliendo) Se ha conseguido lo que cualquier dictadura sueña. Que a sus ciudadanos, sencillamente, no les importe lo que les hagan. Que no sea necesario ningún esfuerzo para ocultar sus crímenes y sus fechorías, y para mayor esperpento de terror para nosotros y disfrute de las élites; la mayoría del electorado , ‘democráticamente’, revalida en las urnas, de todo el mundo, a los criminales que nos humillan y esquilman el presente y futuro a diario.
‘‘Fue un golpe maestro…dejarnos sin ganas de vencer…quitarnos la sed»
Pese a todo, espero que sigan apareciendo y que perduren ejemplos valientes como Snowden, Assange, Ciudadanos de Espartinas o Ana Garrido Ramos (testigo que denunció la trama Gürtel), sus equipos y redes de colaboradores que les apoyan. Espero que algún dia su torrente informativo de pura verdad supere al de mentiras, falsedades y banalidades de los verdaderos malos de la película.

Te puedes creer que antes de llegar al final ya estaba pensando en Vetusta Morla xD. Somos demasiado Fans. Igual de cierto y angustiante todo lo que describes. Yo sinceramente he perdido la esperanza, las ganas de ignorar superan por masa absoluta a las de justicia. Ruego porque valientes como los que mencionas existan siempre, porque sin ellos ya no habría frontera, pero a la hora de la verdad creo que sólo nos queda el cinismo para no pegarse un tiro.
PD: Creía que ese hilo de burbuja ya no existía.
Desde luego, son muchos años viendo que todo sigue igual, pese a sacudidas tan grandes como el 15M, la cual me llegué a creer que esta vez iba en serio…iluso de mí
Y si, el hilo sigue muy vivo, y sus protagonistas también, como J.Crespo, el que confesó todo…
Hubo una vez una jueza que intento poner su granido de arena. Pero claro, son muchos y demasiado poderosos los corruptos.
Una y tantos jueces y juezas, que en cuanto estorban un poquito, los apartan, vease Elpidio, Ruz..y los que llegarán. Eso es todavia más frustrante
Por cierto, una pena el mítico Cebollino, ya me contarás si vuelves con otro proyecto similar, para seguirlo de cerca 😉