De la totalmente prescindible película Guerra Mundial Z se me quedó grabado un método para tomar decisiones que utilizan en la ficción los miembros del consejo de inteligencia israelí. En una escena concreta, el protagonista le pregunta al jefe del servicio de Inteligencia cómo es que previeron algo tan improbable como una invasión zombie y se prepararon para tal (siendo, en el momento de la película, una de las poquísimas ciudades que resisten la invasión zombi). La respuesta fue:
“Siempre que nueve miembros del consejo estuvieran de acuerdo en algo de manera unánime, el décimo necesariamente tenía que estar en contra de los otros nueve , aunque en verdad pensara igual que ellos. Sin importar lo improbable que parezca, el décimo tenía que empezar a pensar asumiendo que los otros 9 están equivocados. […] En mi caso, empecé a investigar sobre la asunción de que la invasión zombi era real, y realicé un plan de defensa…”
Ya sea para proteger una ciudad de un hipotético ataque zombi, esta forma de pensamiento es una herramienta muy valiosa para el día a día. En el post de hoy, te voy a dar motivos (te gusten o no) por los que escuchar opiniones contrarias a la nuestra a menudo es más que recomendable:
Evita los sesgos de confirmación
Un libro muy recomendable, aunque a ratos se haga tedioso, en el que se habla con muchísimo detalle de este tema, es el popular ”Pensar rápido, pensar despacio” de Daniel Kanheman. En esta obra, el autor repasa durante largo y tendido, con cientos de ejemplos, experimentos y anécdotas, la forma en la que los humanos tomamos decisiones, las cuales son mucho menos racionales de lo que pensamos.
Por resumirlo de una manera, el libro habla de dos sistemas en los que se organiza nuestro pensamiento: el sistema 1, el cual es rápido e intuitivo; y el sistema 2, lógico, analítico y lento. Para no cortocircuitar el cerebro, el sistema 1 se encarga de la mayoría de las decisiones, y muchas veces le dejamos el control de decisiones que deberían tornarse analíticas. Por ejemplo, cuando escuchamos algún juicio u opinión de un autor o autora con quien coincidimos la mayoría de las veces, a cada nuevo argumento o idea que salga de su boca, consideraremos que sigue estando en lo cierto (si antes estaba en lo cierto ¿por qué no iba a estarlo ahora?), sin prestar especial atención en lo que está diciendo. Este juicio es un atajo del sistema 1, que en este caso y en otros muchos, puede llevarnos a decisiones equivocadas.
El caso concreto del sesgo de confirmación se refiere a un fenómeno referenciado en cientos de estudios psicológicos, y es la tendencia a favorecer la información que confirma nuestras propias creencias o hipótesis. Se da mucho en todo aquello más emocional, como por ejemplo nuestras creencias ideológicas (se cuentan por cientos de miles personas que sólo leen opiniones afines a las suyas) o en ámbitos tan racionales como las investigaciones científicas (¿cuantos científicos están dispuestos a admitir que llevan años dedicándose a demostrar una teoría errónea?)

Esuchar opiniones contrarias o críticas a nuestras creencias es duro, y es un sesgo innato contra el que es difícil luchar…y precisamente por eso es importante, por doloroso que sea, leer o escuchar diferencias que nos sacudan nuestro propio sesgo de confirmación. Porque tenemos la cabeza llena de tótems sagrados que veneramos desde hace tanto que ni sabemos cuánto llevan allí…y conviene poner eso a prueba de vez en cuando.
Puede ayudarte en decisiones importantes
En otra, esta vez sí, IMPRESCINDIBLE película llamada ”12 hombres sin piedad” , un jurado popular tiene que deliberar, tras escuchar a las dos partes, sobre la inocencia o culpabilidad del acusado, el cual será condenado a pena de muerte en caso de que lo declaren culpable. En la primera votación a puerta cerrada, donde todo apunta a que el acusado es culpable, 11 votan a favor de la culpabilidad…y uno en contra. Cuando le preguntan por qué lo ha hecho, simplemente contesta que no está seguro de que el acusado sea inocente, a pesar de su voto, pero tampoco lo está de que sea culpable, y ante esta duda prefiere votar inocente antes de mandar a un inocente a la muerte. A partir de aquí, comienza el espectacular trabajo de guión de la película.

Sin ir más lejos, hace muy poco viví un ejemplo real sobre cómo una opinión discordante puede ser la opción correcta, por mucho que todo un grupo de personas inteligentes y razonables hayan elegido el camino contrario. Habíamos decidido desde nuestro departamento que una persona X era mucho mejor que una persona Y para llevar a cabo una tarea…entre 4 personas habíamos considerado las dos opciones y X era claramente la mejor ¿cómo ibamos a estar equivocados los 4? Pues bien, fue exponerle nuestras razones a una quinta persona que, con un sólo argumento, nos convenció a todos para dárselo a la persona Y…y a ninguno de los 4 se nos había ocurrido, pues estuvimos desde el principio pensando sólo en motivos que nos reafirmaran en nuestra decisión sobre X.
Después de aquello, he tomado como nota mental el tener en cuenta la regla del décimo hombre que citaba al principio: pararme a pensar en llevar la contraria cuando una decisión de grupo sea unánime. El simple ejercicio de pararse antes de saltar puede ser clave.
Desarrolla el propio criterio
Imagina que eres un espadachín que entrena todos los días contra rivales de su nivel. Y que tras mucho entrenar, acabas siendo capaz de derrotar a todos esos rivales sin casi sudar, convirtiéndote en el mejor luchador de la escuela, con una técnica y una habilidad objetivamente muy buena. ¿Que pasaría si ahora de repente, te hicieran enfrentarte a un luchador de otra escuela, con otro estilo totalmente diferente, o incluso un arma totalmente distinta? Incluso habiendo entrenado muchas menos horas, es muy probable que os ganara o por lo menos poneros en muchos apuros, por el simple hecho de que al no haber peleado nunca contra algo distinto a lo esperado, es muy fácil sorprenderte.
Lo mismo ocurre si ejercitamos la mente contra las mismas ideas, las mismas personas o rivales que veamos accesibles. Es enfrentándote a lo nuevo y a lo desconocido cuando se desarrollan recursos nuevos y se está más preparado. Parece que es algo muy evidente en el plano de los deportes, la carrera profesional o nuestra propia vida ¿por qué entonces no aplicar ese mismo principio a nuestra mente, la cual la mayoría de la gente acostumbra a alimentarla con los mismos autores, fuentes y opiniones de siempre?
Enfrentarte a ideas nuevas o a mentes más preparadas que la tuya es como cuando ejercitas un músculo: rompes las fibras débiles, se mantienen las fuertes, y las que se crean nuevas serán más fuertes que las anteriores ¿Y quién no quiere un cerebro musculado e hiperjercitado? Seguro que tú, que estás leyendo esto, si.


Brillante!
Llevo un rato pensando en cómo llevarte la contraria y rebatir tu artículo para hacer honor al post. Pero en esta ocasión me parece que has dado en el clavo.Lo único que podría añadir es que ya no solo es necesario buscar la opuesto en el exterior, sino que cada uno debería de vez en cuando dedicar un tiempo a reflexionar sobre lo que cree que sabe.
Un abrazo!
Forma parte del principio de llevar la contraria a todo, incluso a uno mismo. Es la única forma de poner a prueba nuestras ideas,de saber si realmente estamos seguros de lo que decimos/pensamos. Es como afilar un cuchillo, frotándolo contra algo más duro que la propia hoja.
Espero que esté yendo todo bien por Londres, si es que no has vuelto a cambiar de destino. Un abrazo!
Llevar la contraria a la mayoría puede servir para no caer en el pensamiento grupal.La figura de abogado del diablo en los procesos de canonización cumple esa función. Nada novedoso en tu artículo.
Te propongo una técnica para mejorar el diálogo racional: el test de Turing ideológico.
Yo creo que no lo pasarías conmigo. Y quizá yo tampoco contigo, porque te he catalogado como un pijoprogre de izquierdas ignorante en asuntos de economía y muy ideologizado.
Un ignorante humilde es tolerable, pero un ignorante como tú, tan seguro de sí mismo, es ridículo y a veces peligroso, como en el caso de tu líder Pablo Iglesias.
Tengo la esperanza de que no seas tan esencialmente ignorante y tonto como pareces, pero a veces leyéndote tantas perogrulladas no puedo negar que me cuesta negar la evidencia y he de recurrir a la fe.
Si lo que quieres es definirme, antes que catalogar sin ninguna base, tienes un montón de entradas que me definen mejor que cualquier test.
Sobre mi ignorancia en economía, me ha parecido la parte más graciosa de tu comentario cuando tengo varias entradas bajo esa categoría que han acabado de portada de Menéame o con hilo propio en burbuja.info, una muestra más de que juzgas desde ese pedestal de superioridad que has construido en tu imaginación.
Además, llevo más de un año trabajando de comercial en un departamento internacional, asi que reconozco de primera mano las bondades y maldades por igual de la globalización, esa que tú solo conoces a través de los posts de Juan Rallo y otros profetas del liberalismo que, como todos sus posts, juzgan desde la más pura teoría, se quedan sólo con las partes que interesan para contar verdades a medias y con más dosis de fe y dogma que de objetiviad y espiritu critico, lo cual no quita que en ciertas cosas acierten. De ahi a pensar que siempre tienen razón digan lo que digan, es lo que os convierte en los fanáticos que sois.
Como tu mismo dijiste, los hechos hablan más altos que las palabras, asi que ahi los tienes.
Si a estas alturas sigues considerando que soy como te has dibujado mentalmente que soy, no voy a perder más el tiempo con alguien que no busca crecer con la discusión, sino crear un falso debate en el que debate con un hombre de paja de discurso imaginario en el que te sientas que eres capaz de defenderte.
Falsoliberales como tu hay a patadas, y sois exactamente el mismo perfil de seguidor »hooligan» que no atiende a razones y que les ciegan sus dogmas, igual que los podemitas y comunistas más cerriles que tu mismo dices odiar.
Ex votantes peperos que no haceis más que repetir palabra por palabra discursos prefabricados por terceros (Losantos, Sostres, Dragó, Rallo) y otros rancios que son conservadores disfrazados: provida pero no cuando son palestinos o subsaharianos los que mueren, antiestado pero defensores del Rey, orden y ley a capa y espada, defensores de la libertad pero que aplauden la ley mordaza y otras leyes represivas de violencia estatal…y un largo etcétera de contradicciones. Habeis interiorizado tanto el dogma que os hace creer que teneis la verdad absoluta, en el que la izquierda siempre es la mala, que no sois capaces de ver que grupos de izquierda como los que crearon »Ciutat Morta», Wikileaks o protestaron contra la ley de »seguridad ciudadana» , hacen más por la libertad de todos nosotros, que todos los falsoliberales que despotricáis de todos esos esfuerzos. En vez de buscar lo que os une, os ponéis a ladrar , haciendoles un favor a los que están contentísimos con el orden que sólo les beneficia a ellos.