Conozco a muchos licenciados o diplomados , entre los que me incluyo, que tienen un sueño recurrente. En este sueño, se encuentran con que les falta una o varias asignaturas para terminar su carrera, con todo el esfuerzo y estrés que supone, cuando pensabamos que aquellas largas horas de encierro bibliotecario y nervios habían quedado atrás para siempre. Fue tan grande el impacto que dejó aquella etapa en nuestro inconsciente, que sin proponérnoslo, esos pensamientos pueden aflorar.
Nuestra mente está llena de mecanismos ocultos que funcionan ajenos a nuestra voluntad, y hasta que no nos paramos a reflexionar sobre ellos y a entenderlos, no somos conscientes de hasta que punto pueden sabotearnos y perjudicarnos. Es algo que llevo defendiendo en muchas entradas anteriores ( aquí, aquí o aquí) y hoy, en mi cruzada por amor al cerebro, como los zombies, añado otra entrada más relacionada con el tema.
No nos gustan los cabos sueltos
En el interesante blog llamado Habilidad social, (unas habilidades que, al contrario de lo que mucha gente cree, no son innatas, sino que como casi todo en esta vida, se puede aprender) el autor Pau Navarro mencionaba un experimento que ponía de manifiesto cómo simplemente al no dejar historias libres a la interpretación puedes obtener mejores resultados que al hacerlo. En el experimento en cuestión, un estudiante intentaba pasar primero en una cola para utilizar una fotocopiadora. En tres tandas, utilizaría tres excusas distintas para ello.
- “Disculpad, tengo 5 hojas. ¿Puedo utilizar la impresora?”
- “Disculpad, tengo 5 hojas. ¿Puedo utilizar la impresora , que tengo prisa?»
- “Disculpad, tengo 5 hojas. ¿Puedo usar la impresora, que tengo que hacer unas copias?”.
En la primera situación le dejaron pasar en el 60% de los casos. En la segunda fue el 94%. Y en la tercera, aún siendo una excusa malísima (¿para que se utiliza una fotocopiadora si no es para hacer copias?) , la aceptación fue del 93%.
Al cerebro del homo sapiens le encantan los atajos, y en cuanto se encuentra en una situación que le es familiar pero en la que ‘faltan piezas’, empezamos a buscar en el disco duro, basándonos en experiencias pasadas, datos o historias que hayamos escuchado….y completamos el puzzle a nuestra manera haciendo predicciones, dando a veces una interpretación que en nada se ajusta a la realidad. En el siguiente video, un ejemplo de como el recepcionista, a través de una primera impresión, ha hecho una predicción de lo que iba a suceder, y veremos cómo el escenario que tanto él como los demás habían imaginado, no se cumplió.
Imaginaros por ejemplo que estáis por la calle y un tipo al que no conoces de aspecto amenazador corre hacia vosotros gritando e intentando llamar vuestra atención. Seguramente, al no saber el motivo por el cual hace eso, tu mente empezará a imaginarse todo tipo de razones: os ha confundido con alguien, os quiere hacer daño, es un loco que quiere atacaros…en cuanto llega hasta tí, descubres que sólamente quería darte tu sueter, que andabas despistado y no te habías dado cuenta de que se te había caido. Un ejemplo cotidiano de como ante una historia en la que nos faltan las piezas, las trampas de nuestra mente nos pueden hacer pasar un mal rato sin ninguna justificación. Cuidado con esas ‘películas’ que al final sólo ocurren en nuestra imaginación…hasta que no tengamos todas las piezas sobre la mesa, no hagamos caso a lo que nuestro cerebro nos sugiere.
Prejuicios
Mediante el mismo mecanismo anterior tenemos la madre de todos los atajos que utiliza nuestro cerebro, y desde luego los más difíciles de extirpar. Algunos prejuicios tienen una sencilla razón evolutiva, y es asegurar la supervivencia del ser humano. Por ejemplo, si estás por la calle y ves que un hombre disfrazado de payaso corre hacia tí lanzando aullidos terroríficos y llevando un hacha en la mano, antes de pararte a averiguar si se trata de una ‘graciosísima’ cámara oculta o alguien que esta de guasa, tu cerebro te invitará a salir corriendo, incluso los más afortunados tendrán una relajación de esfínter espontánea que les proporcionará un incómodo olor y una cálida sensación entre sus nalgas. Esta es la razón evolutiva y biológica por la que funcionan los prejuicios y rellenamos los huecos de las historias incompletas, y por eso los tenemos instalados en el sistema operativo.
Sin embargo, la mayoría de los prejuicios funcionan a nivel intelectual y son una pesada losa que pueden limitar enormemente nuestra visión del mundo y la comprensión y aprendizaje de nuevos conceptos, puntos de vista e ideas. En el blog me he encontrado
He participado en muchísimos foros, debates y otras pérdidas de tiempo (ya no tanto como antes, por cierto, ya se identificar los debates enriquecedores de los estériles) y me he encontrado el mismo fenómeno en infinidad de ocasiones: gente que descalifica la idea por quién la dice en vez de entender la idea primero. Por poner un ejemplo, recuerdo hace tiempo cómo un grupo Facebook al que sigo publicó una noticia en la que un economista de corte liberal, Juan Ramón Rallo, acusaba al Gobierno de dar unas cifras macroeconómicas manipuladas. La noticia se llenó de biliosos comentarios descalificando la noticia porque la decía un reconocido liberal. Un artículo prácticamente idéntico de Viçenç Navarro, profesor universitario de corte socialista, recibía aplausos, me gustas, y alabanzas. Una misma idea puede ser aceptada o rechazada en función de quién la diga, en vez de analizar la idea por si misma. Una terrible realidad de los prejuicios, muy asentados en la mayoría.
Es por eso que encuentro muy recomendable, a la hora de exponer una idea, dejar para el final u omitir dentro de lo posible cualquier información generadora de prejuicios, con tal de no chocar con los de nuestro interlocutor. Expresarnos de la manera más objetiva posible nos permitirá esquivar los prejuicios que, unos más y otros menos, todos tenemos, y debemos eliminar o al menos reconocerlos.
‘Pero’, la palabra borradora
Si hay una palabra que es capaz de despertar todos nuestros mecanismos prejuiciosos, alarmas inconscientes y ponernos a la defensiva, es sin duda la tantas veces utilizada ‘Pero’. Es conocida como ‘la palabra que anula todo lo anterior’.

A todos nos ha pasado, a lo largo de una discusión, que hemos utilizado o han utilizado contra nosotros un ‘pero’ justo después de escuchar nuestra argumentación. No siempre, pero muchas veces es así, la palabra ‘pero’ es una forma de rechazar la argumentación ajena, e incluso estando de acuerdo con lo que te acaban de decir, continuarlo con un ‘pero’ transmite al otro la sensación de que no le hemos escuchado, que su comentario nos da igual.
Es un hábito difícil de instaurar, pues es una palabra que utilizamos muy a menudo, pero tiene unos efectos muy poderosos cuando se evita su uso. Sustituirla por un ‘y’ , ‘y aun así’ o cualquier otra palabra, que aunque suene raro, comprobaréis cómo la gente está más dispuesta a escuchar vuestras ideas, además de que al añadir un ‘y’ estás dando a entender que también consideras el punto de vista de tu interlocutor, algo que se agradece. Incluso si no estás en absoluto de acuerdo con tu interlocutor, es una sencilla muestra de respeto hacia los demás.
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Y por no pegaros la chapa con otro de mis articulazos de 2000 palabras, dejo para una segunda parte las siguientes trampas de nuestro jugoso y rosado amigo, el cerebro (me encanta esta definición de cerebro, la voy a patentar. Me recuerda a Flubber. ¿¿OS ACORDÁIS DE FLUBBER??)



Yo creo que todas las trampas de la mente tienen una base evolutiva. Y casi siempre es la misma: la necesidad de no juzgar cada caso concreto sino ahorrar recursos estableciendo un juicio general.
No podemos, creo yo, eliminar esos prejuicios, lo que sí podemos hacer es establecer los casos en que haremos una excepción.
Un saludo.
Totalmente de acuerdo, lo que digo en la entrada es precisamente que estos mecanismos tienen una razón de ser, y es necesario comprenderlos y reconocerlos cuando están siendo bien aplicados, o por el contrario, no están cumpliendo la razon biológica por la que existen.
Un tema muy interesante todo lo relativo al funcionamiento del cerebro y a lo que nos lleva sin ser conscientes.
Para mí, a parte del componente «social» de los prejuicios o las influencias externas que nos predisponen a tener prejuicios, hay dos factores clave que nos vienen de serie desde que nacemos: Nuestro instinto más animal y el acomodamiento. Lo primero se traduce en que inevitablemente la raza humana sigue siendo animal y lo que no entendemos nos genera (al menos inicialmente) un rechazo irracional. No obstante, mi impresión es que recurrimos a estos mecanismos generalmente por vagancia. Requiere mucho menos esfuerzo dejar que esos filtros y prejuicios que te vienen instalados hagan el trabajo de catalogar lo que te rodea, que ponerte a analizar las cosas con la mente abierta a lo diferente.
Por cierto, no sabes cuánto sufrimiento provocan las frases como «…incluso los más afortunados tendrán una relajación de esfínter espontánea que les proporcionará un incómodo olor y una cálida sensación entre sus nalgas» a las personas con un Imaginación HD. Es muy duro…
»mi impresión es que recurrimos a estos mecanismos generalmente por vagancia. Requiere mucho menos esfuerzo dejar que esos filtros y prejuicios que te vienen instalados hagan el trabajo de catalogar lo que te rodea, que ponerte a analizar las cosas con la mente abierta a lo diferente.»
Muy cierto, estar continumanet cuestionandonos nuestras propias creencias requiere un esfuerzo mental que mucha gente no está dispuesta a asumir, además de que pierden la fe en si mismos facilmente, pues nos han enseñado que siempre hay que estar »aferrados» a algo. Sobre eso escribió un artículo muy bueno Gazzeta del Apocalipsis. Lo comparaba con náufragos que se sujetan a trozos de madera para no ahogarse. La minoría somos los que nos vamos nadando de un trozo de madera a otro para buscar cual es mejor, o incluso disfrutar nadando, mientras que la mayoría prefeiere no moverse de su trozo de madera »a ver si les pasa algo»
»Por cierto, no sabes cuánto sufrimiento provocan las frases como “…incluso los más afortunados tendrán una relajación de esfínter espontánea que les proporcionará un incómodo olor y una cálida sensación entre sus nalgas” a las personas con un Imaginación HD. Es muy duro…»
Jajajajajajaja precisamente estas descripciones gráficas las hago para gente que tenemos esa imaginación HD que tu describes, en cuanto me aparece en la mente tengo que soltarlo!
Un artículo muy interesante y que aporta más información a las trampas de la mente, o lo que es lo mismo, las decisiones no racionales. El tema da para un enorme debate y además está mucho más presente en nuestras vidas cotidianas de lo que la gente suele creer.
Me ha gustado especialmente tu recomendación práctica de dejar para el final la información generadora de prejuicios. Si pones a alguien en contra de tus argumentos de entrada será muy difícil hacerle ver otros puntos de vista aún con la mayor de las evidencias.
¡Saludos!